05/03/2026 ·
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Iván Castro, educador social de Ibiza: «Decir ‘las drogas son malas y matan’ no salva vidas»
El Diario de Ibiza, en su edición del 4 de marzo de 2026, publica la siguiente información:
Iván Castro, educador social de Ibiza: «Decir ‘las drogas son malas y matan’ no salva vidas»
El educador social y director de la formación mantiene un enfoque práctico durante su ponencia con motivo del VII Foro nacional de emergencias y problemáticas sociales
«Solo atendemos a las personas que consumen cuando están intoxicados, tenemos que esperar a que estén intoxicados para relacionarnos con ellos», lamenta Iván Castro, educador social y director de la formación ‘Day & Night Drugs 360º: Una perspectiva integral en drogas’ del VII Foro nacional de emergencias y problemáticas sociales, durante su ponencia. El miembro del equipo docente de Emergency Staff es director de bienestar social y del servicio municipal de conductas adictivas del Ayuntamiento de Ibiza y protagoniza la segunda formación del foro tras la reproducción de la ponencia inaugural del psiquiatra Giovanni Martinotti.
Castro inicia su ponencia lanzando datos sobre el consumo de drogas en Europa. Explica que la mayoría, 24 millones, consumen cannabis, seguidos de 4 millones de consumidores de cocaína, 3 millones de MDMA, 2 de anfetaminas y menos de un millón de opiáceos. «Estamos hablando de más de 30 millones de consumidores de sustancias, ¿cuántos están en tratamiento?», pregunta Castro, antes de responder: «Un millón y medio, de los cuales la mayoría son los de opiáceos». «Tenemos un grupo muy significativo de personas que se relacionan con sustancias, pero que no están accediendo a ningún lugar», indica.
«Tocar fondo» y el entorno social
«Hay una idea que a una persona que consume no se le puede ayudar hasta que esta tenga muchos problemas. Imaginaos que un oncólogo dijera ‘hasta que el cáncer no tenga metástasis no se puede trabajar’«, compara Castro, que continúa: «¿Hay alguna otra problemática sociosanitaria en la que sea necesario que la persona toque fondo para intervenir?». Esgrime la baza de reducción del daño para que ningún consumidor tenga que tocar fondo para que se le ayude.
Pone de manifiesto la importancia del entorno en el que se mueve un consumidor para determinar si va a seguir consumiendo. En este sentido expone un estudio realizado con ratas, ‘Rat park experiment’: «Las ratas en jaula consumían morfina hasta morir. La jaula era una caja pequeña con dos botellas de agua. Las drogas son muy adictivas y generan muerte. Pero vamos a incurrir en un reduccionismo biológico. Decidieron cambiar la jaula por un espacio donde hay más ratas, donde hay elementos para jugar, donde el entorno es atractivo. En ese contexto eran capaces de gestionar el consumo de morfina. Incluso algunas ratas que habían estado 57 días en la jaula estándar, una vez que pasaban al entorno festivo, saludable y social, dejaban hasta de consumir. Es un estudio que requiere matices, pero está demostrado que cuando hay entornos de protección, de desarrollo emocional, a lo mejor el consumo no va a desaparecer, pero se puede reducir el daño».
Tipo de consumidor y trato
«Hay que analizar el consumo de drogas desde el punto de vista del consumidor», comenta Castro: «Tú habías venido a divertirte y por la forma en la que te divertías has acabado aquí, no te estoy juzgando, no le estoy dando valor, pero estoy diciendo las consecuencias de tu pauta de consumo».
Pone en valor el «perfil» de un consumidor y explica que hay consumidores «funcionales», «iniciales» y «experimentales». El consumidor «funcional» lo atribuye a aquel que se considera socialmente «que no toca fondo»: «Integra el consumo de sustancias con una vida más o menos normal, además, son pacientes autorregulados», considera Castro. El consumidor «inicial» es «el que empieza a consumir por primera vez. Este es el que más le preocupa, «porque son los que menos relación tienen con la sustancia, no saben cómo afecta a su cuerpo y acaban en intoxicación», dice el educador social. El «experimental» comenta que es «el que prueba todo. El consumidor lúdico que busca la experiencia. Va a una discoteca y se divierte más con extasis, socializa más, tiene una percepción de la música diferente, y hay que tratarles con la empatía de comprender por qué lo hacen».
Carácter práctico de la formación
«Los riesgos y daños asociados al consumo son tan importantes como la sustancia en sí. El consumo de droga no implica definitivamente la aparición de problemas, ese es el mantra que hace reestructurar nuestro modelo de intervención», afirma Castro respecto a la formación: «Antes considerábamos el ‘si bebes no conduzcas, las drogas son malas y matan’, pero nos dimos cuenta de que ese modelo de intervención no salvaba vidas. El nuevo modelo de intervención nace de una visión en la que no juzgamos con las premisas de las drogas, no puedo atender desde la paternalización de que está haciendo algo malo», explica el educador social.
En torno a esta cuestión se hace pasar por un consumidor y le pide a los asistentes que le atiendan: «¿Qué le diríais a un paciente al que le preguntáis si consume cocaína y responde que sí? Cuando preguntamos, tenemos que saber lo que preguntamos y que la respuesta no nos sorprenda. ¿Cuál será la pregunta que le lanzamos a continuación?». Algunos preguntan: «¿Usted ha pensado alguna vez dejar de consumir cocaína?», «¿Con qué frecuencia?», «¿Por qué?», y responde a todos ellos ironizando y tratando que entiendan que su papel es muy importante y deben saber responder en esta clase de situaciones: «Si yo te estoy dando un consejo como profesional que te puede haber dado un familiar, es un consejo personal. Los consejos profesionales son trabajados, analizados».
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