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viernes, 22 de septiembre de 2017
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pixel Educación Social y Trabajo con la Comunidad
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EXPERIENCIAS
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Los caminos escolares. Apuntes para la reflexión
09/ene/2008

Jaume Mor. Responsable de la sección socioeducativa del Instituto Municipal de Educación Ramon Barrull de Lleida.

En estos últimos años en diferentes foros sobre políticas sociales a nivel local aparece el concepto caminos escolares dentro de los ámbitos de la movilidad, la comunidad educativa o los proyectos urbanísticos. En la ciudad de Lleida estamos inmersos en un proceso de este tipo. Mi voluntad, con este artículo, es hacer unas reflexiones sobre un proyecto que creo que es interesante por lo que comporta de educativo en el sentido expresado en los diferentes manifiestos de las ciudades educadoras. El motivo de presentar estas reflexiones en un foro como el que nos permite esta revista es plantear que éste es un proyecto que se adecua plenamente con las funciones de los educadores sociales; por lo tanto, no debería ser imposible encontrarnos con proyectos de caminos escolares liderados por parte de los servicios sociales de atención primaria, como proyectos del ámbito del trabajo comunitario.

El objetivo de este artículo es, en primer lugar, dar a conocer un proyecto que incorpora valores importantes que tienen que ver con la responsabilidad que quieren asumir muchos ciudadanos, que piden tomar decisiones sobre hechos de su ciudad que les afectan directamente; por lo tanto, creo que cada vez será más frecuente ver iniciativas de esta clase en más municipios de Catalunya. En segundo lugar, quiero hacer unas reflexiones a medio camino entre la teoría y la práctica, que pueden iniciar a profesionales que no conocían estos proyectos.


Definición

El proyecto de Caminos Escolares (pCE) lo podríamos definir como un proceso de reflexión compartido entre los centros educativos, la Administración local competente y los agentes activos del territorio. Y es únicamente esto; el pCE es compartir, con las otras partes implicadas, los problemas y posibles soluciones dirigidas a mejorar la entrada y la salida de las escuelas de los chicos y chicas con el objetivo de que puedan ir andando.

Esta clase de proyectos es un efecto más de los postulados asumidos por parte de las ciudades educadoras que viene a decir: “una ciudad educadora ha de autoimponerse una revisión en términos educativos de los procesos que tienen lugar en ella”. Uno de estos procesos, el que se revisa aquí, es la movilidad en las entradas y salidas de los alumnos de los centros educativos. En este análisis participan siete actores principales:

  1. Es necesario introducir el concepto movilidad como un estudio más global que el hecho de analizar los movimientos de personas y vehículos. Ahora este planteamiento se puede empezar a hacer porque se está consolidando un pensamiento crítico que cuestiona el dominio del vehículo sobre el peatón en todas las cuestiones de ordenación urbanística.
    Por todos es sabido que en los núcleos urbanos hay ciertas horas del día que suponen un caos circulatorio; una parte de estos caos tiene mucho que ver con los centros educativos, especialmente aquellos que reciben alumnos de todo el municipio y a veces de fuera de éste. Otro factor importante tiene que ver con la difícil relación entre la vida familiar y la vida laboral, que lleva a ajustar los horarios hasta límites en que las dos son imposibles de combinar.
  2. La participación. La costumbre de relación entre la Administración y los centros escolares es bidireccional: hay demandas y se dan respuestas, y éstas son más o menos compartidas. Hoy todavía cuesta romper estas relaciones para establecer estructuras más participativas. Tengo la sensación de que los intentos de crear plataformas participativas muy amplias o por sectores no ha acabado de cristalizar. En estos momentos están apareciendo sistemas de participación más arraigados al territorio; están surgiendo mesas territoriales, comisiones de barrio, etc. El pCE también es un proyecto de participación de este tipo.
  3. El ámbito educativo Hará falta plantear al claustro una pedagogía vinculada al territorio más próximo. Los centros educativos tienen una tradición de estudio del entorno; hay guías didácticas para estudiar la calle, qué comercios encontramos, cómo es y dónde se encuentra el mercado del barrio, etc. Deberemos plantearnos un estudio más dirigido a la movilidad: ¿cuánto se tarda de ir de aquí a allá? ¿Los semáforos están coordinados? ¿La visibilidad es correcta en los cruces? ¿Por las aceras pasa una persona con una silla de ruedas? ¿La calle está sucia?... Sería bueno conseguir, a través de observaciones participativas y campañas a partir de los alumnos, que estos tomaran protagonismo en la conservación de su espacio: ¿qué hacemos con los coches y las motos aparcadas encima de la acera?
  4. Familias del centro. Seguro que la seguridad es un centro de interés de los padres y madres de un centro educativo. Deberíamos conseguir un sentimiento de locus of control intern; es decir, está bien hacer demandas al exterior para mejorar la seguridad de los alumnos, pero también hará falta analizar los procesos que se han pautado para recibir a los chicos y chicas, así como analizar cómo salen del centro: horarios, aparcamientos para familiares y profesores, grupos de acompañamiento, uso de los patios como esponja, etc. Es posible que, cuando se pidan esfuerzos a los otros sectores, estos se avengan mejor a moverse si la comunidad educativa también se mueve.
  5. El territorio. El entorno de la escuela es el punto más delicado del proyecto: en el proceso de negociación tendrá mucho que ver el prestigio que tiene el centro educativo y la vinculación de éste con el barrio donde está implantado También serán importantes las habilidades sociales del claustro, del AMPA, de los SSAP, y de las diferentes entidades del barrio, que aquí concentraremos en la asociación de vecinos. No podemos descartar que el proyecto comporte cambios urbanísticos que no sean del gusto de todos los vecinos, y será necesario mediar en estas situaciones. Tampoco podemos olvidar que este proyecto puede comportar consecuencias económicas para ciertos comercios de un barrio: cuando priorizas un itinerario u otro, lo haces con el objetivo de que la mayoría de los miembros de aquella comunidad escolar pasen por aquellos itinerarios y no por otros; por eso es por lo que, al menos de manera teórica, se están potenciando unas calles respecto de las que están a su lado, y este hecho deberá asumirse y también implicará tareas de mediación. Un tercer factor es la implicación de la sociedad civil en este proyecto: ¿los abuelos pueden ayudar a hacerlo como acompañantes, como guías en los cruces? ¿Los comercios pueden participar del concepto comercio amigo del camino escolar, y atender a los niños y niñas que tengan algún problema, dejarlos entrar en el comercio y seguir un protocolo de atención? Para acabar, hace falta plantearse, según cómo sea la vinculación de la sociedad civil, la posibilidad de crear brazos en el camino escolar para facilitar los accesos a los polideportivos, a los CAP, a las sedes de las asociaciones de vecinos, etc.
  6. Los técnicos. Este es un proyecto que puede entusiasmar a un territorio, y esto puede suponer que salgan reivindicaciones de este territorio versus la Administración local, que se habrán de gestionar con eficacia en el foro de debate. También hay el peligro de que, como que es un proyecto que implica diferentes departamentos y a diferentes administraciones, haya problemas de coordinación técnica o política entre los diferentes brazos de las administraciones. Hace falta tenerlo siempre presente.
  7. La responsabilidad. Aun cuando a continuación, tras hacer el repaso de los diferentes sectores que están implicados en el proyecto, lo explicaré con más detenimiento, hay un concepto que siempre planea sobre este proyecto. Si pasa algo –un accidente, alguien muere– ¿de quién será la responsabilidad? Entiendo que este proyecto remueva las dificultades de poder acceder andando a los centros educativos, pero quienes tiene la responsabilidad sobre si deja ir o no a su hijo o hija sola a la escuela es la familia, y nadie puede ni debe querer suplantarla.

Este proyecto debe sumar dos posiciones que a veces se consideran contrapuestas: por un lado, la autonomía de los niños y niñas y, por el otro, la seguridad en las calles. Por supuesto que hay conflictos. De todas maneras, es síntoma de ciudad o de barrio enfermos aceptar que la calle es un peligro por definición: sólo esto ya es una razón para intervenir.

Aún así, hace falta tener en cuenta que, en contra de lo que piensa demasiada gente, lo más importante no son los cambios urbanísticos que podamos hacer, sino el sentimiento de seguridad que las familias han de adquirir para dejar ir más a sus hijos solos a la escuela. El gran problema del proyecto es que nos ponemos en situaciones afectivas, no racionales; hoy los hijos son el bien más preciado de las familias y éstas quieren protegerlo tanto como puedan. Tres pruebas de lo que digo: hay barrios en los que yo nunca dejaría ir a mis hijos solos a la escuela y, en cambio, las familias del barrio en cuestión no lo ven peligroso o lo ven lo suficientemente seguro como para dejarlos ir (ya he dicho que es cuestión de vivencia, no de realidad); otras veces, técnicos municipales con muy buena voluntad encuentran soluciones inmejorables desde un punto de vista de seguridad y de movilidad y, en cambio, los vecinos y las mismas familias de las escuelas se quejan de estas soluciones (que seguramente habrían planteado ellas mismas si se les hubiera pedido la opinión); muchas familias se marcan tramos de edad para proteger y están encima de sus hijos hasta sexto de primaria, y al septiembre siguiente (sólo han pasado dos meses) ya los dejan ir solos al IES. No hace falta que me alargue más en aquello que todos los educadores sabemos: una cosa es lo que pasa y otra lo que cada persona vive de lo que pasa; por lo tanto, la suma de las vivencias es lo que conforma la manera de vivir una realidad; de esto trata este proyecto y por esto es tan importante la participación, que todo el mundo pueda ser escuchado y tenido en cuenta, precisamente ¡porque con los niños y niñas no se juega! Porque, si no hay una homogeneidad en el posicionamiento de todos los agentes, no se puede llevar a cabo; quizás se podrán iniciar mejoras urbanísticas, pero no se hará un camino escolar.

Y hace falta potenciar el camino escolar porque:

  • Es bueno que los ciudadanos quieran desplazarse andando por su barrio o por el barrio donde está la escuela de sus hijos. Han de exigir sentirse lo suficientemente seguros para dejar ir a los suyos solos a clase.
  • Es bueno que los técnicos de las administraciones se sienten con los agentes implicados y piensen en común las soluciones.
  • Es bueno que los técnicos de la Administración oigan de los vecinos qué partes de su acción no resultan satisfactorias o sencillamente se pueden mejorar.
  • Es bueno que los vecinos conozcan de primera mano las dificultades técnicas y presupuestarias que hay a la hora de poner en marcha un proyecto.
  • Es bueno que se encuentren y confronten posiciones técnicos de diferentes departamentos de la Administración local y también entre estos y técnicos de otras administraciones.
  • Es bueno coresponsabilitzar a la sociedad civil de las decisiones y, por lo tanto, de los éxitos y de los fracasos.
  • Es bueno que se vaya introduciendo en el proceso educativo un cambio de valores que van desde la seguridad vial hasta el estudio de la movilidad.
  • Es bueno que los niños y niñas sean actores directos de su seguridad.
  • Es bueno que los niños y niñas puedan analizar en primera persona los entornos de su barrio, no desde el conocimiento estático sino también del funcional.
  • Para finalizar, como dice Francesco Tonnucci, cuando miramos la ciudad con ojos de niño y desde la altura de sus ojos, estamos mejorando la movilidad por la ciudad de todas las personas con dificultades, las embarazadas, la gente mayor, los que llevan el carro de la compra, los que llevan el cochecito de sus hijos, los minusválidos, los discapacitados... por lo tanto, de todo el mundo.

Otro aspecto que quiero resaltar es el siguiente: ¿qué hay que plantearse cuando estás pensando en hacer un proyecte de este tipo?

    • ¿Qué sensibilidad tienen los técnicos, los responsables y los políticos de tu departamento? ¿Creen en la movilidad? ¿Creen en las estructuras participativas?
    • ¿Qué fuerza y qué relación tiene tu departamento respecto de los de urbanismo, de servicios personales, de educación...? 
    • ¿Qué sensibilidad tiene el personal docente respecto de los temas de movilidad?
    • ¿Qué sensibilidad tiene el AMPA?
    • ¿Qué relación tiene la escuela con su territorio?
    • ¿Qué tipo de AMPA es: activa, reivindicativa?
    • ¿Qué fuerza tiene el AMPA para crear debate y hábitos en el sector de padres y madres de la escuela?
    • ¿Qué fuerza tiene el AMPA para crear dinámicas en su territorio?
    • Los agentes de la guardia urbana, ¿se lo creen? ¿Se sienten agredidos por el nuevo planteamiento?

Estas preguntas, que por otra parte son obvias, recomiendo que las escribamos y nos las planteemos a nosotros mismos y a otras personas que en un momento u otro puedan estar relacionadas con el proyecto; esto nos puede dar unas cuantas pistas de cómo avanzar en la toma de decisiones.

Una vez formuladas las preguntas, quisiera plantearos unos apuntes de metodología:

Todo empieza por un estudio. En este proyecto hay demasiados factores que afectan a la seguridad y, por tanto, no nos podemos quedar en lo que piensa una representación de los agentes; queremos saber qué piensa todo el mundo, sobre todo porque la conducta que queremos cambiar o el hábito que nos gustaría implantar no es algo que podamos modificar directamente. Por lo tanto, queremos saber por dónde pasan, por qué pasan por dónde pasan, por qué no van andando a la escuela, qué puntos les parecen más peligrosos, qué estarían dispuestos a hacer por el proyecto, qué le pedirían al proyecto, y muchas cosas más, como por ejemplo que una comisión mixta de técnicos y de representantes del claustro y del AMPA decidiera qué es importante preguntar antes de pensar en lo que haremos.

Este estudio se debe visualizar en un plano del territorio.

Hay que definir los flujos y cuantificarlos. Hay que definir todas aquellas situaciones que una familia ha vivido como peligrosas, se debe determinar por qué las familias no van andando a la escuela.

Sigue por una puesta en común. Una cosa es el análisis detallado, que no debe dejar la opinión de nadie fuera de la mesa, y otra es la valoración, la priorización, etc. de los contenidos del análisis.

Un paso más: la movilidad dentro del aula. No basta con aprender las señales de tráfico, hace falta una acción más activa hacia la movilidad. A partir de los ocho años, los niños pueden conocer la velocidad de un coche, tienen que experimentar lo que tarda en llegar desde una distancia determinada, deben ver si para o no para. Pero también deben ser ciudadanos, deben defenderse de los coches y de las motos mal aparcadas, deben tener elementos de juicio para corregir a sus padres, deben poder pedir ir andando a la escuela. Desde las aulas se debe hacer una campaña de concienciación que abarque todo el centro y todo el territorio: pegatinas, carteles, dibujos en las paredes, etc.

Un paso más: la movilidad de los miembros de la escuela. ¿Cómo y dónde aparcan los maestros? ¿Y el conserje? ¿Por dónde pasan los vehículos que han de entrar en el recinto escolar? ¿Quién puede determinar los aparcamientos y el hecho de ordenar la llegada de los vehículos paternos al centro? Debemos hacer un análisis interno, con voluntad de mejora.

La escuela lo explica a los vecinos. Primero hay representantes de los vecinos que empiezan a formar parte de los grupos de trabajo pero, además, cuando se perciba una situación problemática próxima, se deberá explicar el proyecto en los foros que sea necesario. Quizás incluso se puede buscar la ayuda de colectivos vinculados profesionalmente, colegios profesionales, entidades ciudadanas, entidades relacionadas conceptualmente por motivos de asociacionismo, de educación, de movilidad, etc.

El pCE tiene una imagen identificable al menos para aquel territorio. Cuando hay tantas voces para un mismo proyecto, es importante que se cree una imagen que identifique el proyecto, pero también que los documentos que se elaboren y cualquier otro producto que se produzca sean divulgativos, de formación, etc.

El barrio amigo. En el apartado del territorio ya he hecho mención a un factor importante: la vinculación del barrio al proyecto, no ya desde las estructuras más formales, sino desde cada persona que se sienta partícipe. En este sentido, pienso en voluntarios del camino, que pueden ser personas o comercios; de hecho, son estructuras clave porque, si un niño o niña tiene alguna dificultad en el camino escolar, sus padres saben que fácilmente identificará a alguien o algún lugar dónde podrá recibir ayuda y, además, sabrá qué tipo de ayuda recibirá.

Los caminos amigos. Lo deseable sería que en cada barrio hubiera una interconexión entre las diferentes estructuras de uso público en las cuales el hecho de andar estuviera protegido. Y en último término que no sólo estuviera protegido, sino que fuera un camino agradable de transitar, donde la seguridad estuviera superada y el interés de los peatones se centrara en las plantas, los bancos, etc.

¡Quizás sí que sería un buen sueño!

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