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EXPERIENCIAS
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La política social a favor de las personas mayores dependientes: Un nuevo escenario laboral para los educadores sociales
02/may/2007

Susana Agudo. Campa, Formación e Intervención Socioeducativa. Mª Ángeles Pascual. Universidad de Oviedo Facultad de Ciencias de la Educación Área de Didáctica y Organización Escolar

El envejecimiento demográfico de la Unión Europea se ha visto incrementado en los últimos veinte años. Y será, en el 2050, la región más envejecida del planeta. Ante tal panorama, se articulan acciones sociales que pretenden favorecer la vejez como una etapa más de la vida, llena de posibilidades y retos, entre los que se encuentra el de la autonomía.

Abordar este tema es fundamental para los educadores sociales, a fin de mejorar su actuación, tanto con las personas mayores dependientes como con las familias (los cuidadores y cuidadoras). Se abre un nuevo escenario laboral en el que los educadores sociales aportan valor añadido al sector sanitario y asistencial.

Es un hecho constatado que entre la  población de la Unión Europea cada día hay más personas mayores, debido principalmente a que la esperanza de vida ha venido experimentando un considerable aumento en los últimos años y a la progresiva reducción de los índices de natalidad. La proporción de personas con más de 65 años está creciendo con mayor rapidez que ningún otro grupo de edad.

Los países desarrollados presentan un número elevado de personas mayores y esta tendencia va constantemente en aumento. Nueve de los diez países con más de 10 millones de habitantes se encuentran en Europa, así como la mayor proporción de personas mayores. En el  informe  “La situación social en la Unión Europea 2003” se ofrece una visión del conjunto de las principales tendencias sociales y económicas en Europa; se expone que en 2001 había 62 millones de personas de 65 años o más en la UE, frente a solamente 34 millones en 1960. Hoy en día, este segmento de la población representa el 16% de la población total o el 24% de la población considerada en edad de trabajar. Se espera que este porcentaje se incremente hasta el 27% para 2010. Durante los tres próximos lustros, el número de personas  “muy mayores” (80 años o más) aumentará en casi un 50%.

Dentro de Europa, países como Grecia, Italia, España, Serbia o Portugal, son los más envejecidos. Según las Naciones Unidas esta situación “no tiene precedentes en la historia de la humanidad”. Y tal y como se expone a continuación (véase gráfico 1), España no ha sido una excepción.  La situación que se describe en Europa es la tendencia en la estructura de la población española. España, ocupa el quinto lugar de la Unión Europea (tras Italia, el país más envejecido de la Unión Europea).


Gráfico 1. Evolución y proyección de la población mayor.
España 1900–2050 (miles). IMSERSO 2003.

España envejece y lo seguirá haciendo en los próximos años. En el año 2003, los datos demográficos nacionales (INE) señalaban que la población total era de 42.717.064 personas y había contabilizadas en España 7.276.620 personas de más de 65 años, lo que representa el 17,0% de toda la población. Las previsiones de Naciones Unidas estiman que en el año 2050, España será el más viejo del mundo con 12,9 millones de personas mayores (un tercio de la población).

Esta tendencia del envejecimiento de la población española (véase gráfico 2) se refleja en una pirámide poblacional con un claro estrechamiento de la base de la pirámide y ensanchamiento de su cúspide:



Gráfico 2. Pirámide de población española (I.N.E. 2003)

Este fenómeno prolongado y silencioso ha venido a llamarse “revolución demográfica”, “terremoto demográfico”, “nuevo orden internacional de la población” y, por sus repercusiones, supone una transformación social y presenta importantes desafios para Europa que, consciente de ello, ha comenzado a articular diferentes acciones y directrices que guien a los estados miembros respecto a este fenómeno.

La Recomendación (98)9 del Comité de Ministros insta a los Estados a aplicar las políticas más adecuadas en la materia, y señala tres elementos básicos en los que se debe basar toda política nacional sobre la dependencia:

  • Prevenir o reducir la dependencia, impidiendo su agravamiento y atenuando sus consecuencias.
  • Ayudar a las personas dependientes a llevar una vida según sus propias necesidades y deseos.
  • Proporcionar una protección suplementaria a las personas dependientes, sea por la concesión de una prestación, sea por el acceso a los servicios existentes, la creación de todos los servicios apropiados, tales como los servicios de ayudas familiares y el acceso a ayudas técnicas apropiadas.

Estos principios van en la línea de favorecer siempre la autonomía de la persona y, en el caso en que esta no sea posible, en la de brindar los recursos o ayudas necesarias para garantizar la atención a todas las personas.

España, con la ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas  en situación de dependencia y a las familias, más conocida como “Ley de Dependencia”, que inicia su andadura gradual el 1 de enero de 2007, regula las condiciones básicas de promoción de la autonomía personal y de atención a las personas en situación de dependencia mediante la creación de un sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), con la colaboración y participación de todas las Administraciones Públicas.

La dependencia es un fenómeno multicausal, y cualquier intervención debe ser multidisciplinar, estando implicados diferentes profesionales de los servicios sanitarios (médicos, enfermeros/as, fisioterapeutas…) y de los servicios sociales (psicólogos/as, pedagogos/as, trabajadores/as sociales, educadores/as sociales…). Como podemos constatar los términos social y sanitario se unen con un objetivo común: evitar el exceso de incapacidad de las personas. Incapacidad condicionada por diferentes factores: de índole física (fragilidad física, enfermedades, etc.), de índole psicológica (trastornos mentales…) y de índole contextual (ambiente físico y social). Teniendo en cuenta que la interacción de estos factores es determinante, el papel del educador/a social, es fundamental en cualquier propuesta para la mejora de la atención social de las personas mayores dependientes y sus familias (los cuidadores y cuidadoras)… su actuación, indudablemente, aportará dentro del equipo multidisciplinar del que forma parte, una apuesta por la reconstrucción de los hábitos de la persona.

Dado que el educador/a social es un profesional que trabaja con otras personas que, en un momento determinado de su vida, presentan una situación de dificultad, su labor para fomentar la autonomía en las personas mayores, es decisiva. En las personas independientes, previniendo la dependencia y en las personas dependientes, actuando para acortar o frenar la dependencia. No olvidemos que existen diferentes grados de dependencia y que puede tratarse de un proceso transitorio o progresivo. Su actuación potencia la autoestima de la persona mayor fomentando la autonomía personal, las relaciones interpersonales y frenando todo atisbo de deterioro.

Su intervención se puede realizar en diferentes espacios, desde los Servicios Sociales de Atención Primaria, hospitales, residencias para mayores, centros de día, centros sociales, asociaciones de mayores o de familiares de personas mayores dependientes, etc. desarrollando acciones de promoción de la autonomía en las personas que se encuentran en una situación de dependencia inicial o en un proceso de dependencia más acentuado.

Además, por la importancia e implicación de la familia, también puede desarrollar una función informativa, de asesoramiento, orientativa, de soporte o apoyo a las familias cuidadoras. No debemos obviar que algunas conductas dependientes son reforzadas por el entorno social inmediato. El cuidador/a puede responder positivamente ante conductas de autonomía e independencia al igual que aprender a no reforzar las conductas dependientes. Por ejemplo, a través de una intervención planificada y la actuación del educador/a social se puede acondicionar el entorno de la persona mayor para facilitar conductas autónomas, al igual que se pueden reestablecer hábitos relacionados con el autocuidado (higiene personal, comida y vestido)… favoreciendo en su entorno unas mejoras evidentes de autonomía, que reforzarán su autoestima y motivarán la actuación de sus familiares.

La actuación del educador/a social en cualquier propuesta de intervención con personas mayores dependientes está sobradamente justificada, si se pretende reforzar cualquier intervención meramente asistencial.

Mejorar la calidad de vida de las personas mayores dependientes con la actuación directa (mediante actividades orientadas a favorecer la autonomía, la autoestima, la estimulación de los sentidos, del cuerpo o la mente) y también con la orientación y el trabajo con las familias (los cuidadores) puede ser la función principal del educador/a social, aportando, así, valor añadido a cualquier intervención que persiga una verdadera promoción de la autonomía personal y la atención a las personas en situación de dependencia y a sus familias.


Bibliografía y fuentes documentales

  • ABELLAN, A. (1989): El envejecimiento de la población. Tendencias e implicaciones. Madrid. CSIC
  • AGULLÓ, Mª S (2001): Mayores, actividad y trabajo en el proceso de envejecimiento y jubilación: Una aproximación psico-sociológica. Madrid, INSERSO, 2001
  • COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS (1986): Europa 1985. Nuevas Tecnologías y cambio social (Informe FAST). Fundesco. Madrid
  • CORRALIZA, J. A. (2000): "Vejez y sociedad: dimensiones psicosociales". En Gerontología social. Pirámide, Colección Psicología. Madrid.
  • FERNÁNDEZ-BALLESTEROS (1998): Vejez con éxito o vejez competente: un reto para todos. Envejecimiento y prevención. Asociación Multidisciplinaria de Gerontología. Barcelona.
  • INE: Instituto Nacional de Estadística (1995). "Censo de Población 1991". Madrid.
    - (1994): Encuesta Sociodemográfica 1991. Madrid.
    - (2000): España en cifras 2000. Madrid
  • OFICINA EUROPEA DE ESTADÍSTICA (EUROSTAT) (2001): Informe sobre población y condiciones sociales. Statistics in focus. Unión Europea y Consejo de Europa, Luxemburgo.
  • RODRÍGUEZ, G. (1997): Participación social de las personas mayores. Inserso, Madrid.
  • SUBIRATS, J. (1992): La vejez como oportunidad. Colección de Servicios Sociales. Instituto Nacional de Servicios Sociales (Ministerio de Asuntos Sociales). Madrid.

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