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Ideologías, cultura política y educación social

Autoría:

Ramón López y Carlos Sánchez-Valverde, coordinadores del grupo… del IV Congreso Estatal del Educador Social: Políticas socioeducativas: Retos y propuestas en el siglo XXI. Santiago de Compostela, 30 de septiembre y 1 y 2 de octubre de 2004.

Resumen

Éste fue el título que reunió el trabajo de más de 40 educadoras y educadores sociales en el IV Congreso Estatal del Educador/a Social.  En este artículo os acercamos los resultados de su trabajo.

La dinámica de trabajo de los grupos se organizó con la presencia de dos coordinadores–dinamizadores en cada grupo. Uno procedente del campo teórico-universitario y, el otro, del mundo de la práctica.

En primer lugar, podréis leer las conclusiones del trabajo del grupo. Más adelante encontraréis los distintos enlaces que llevan a los documentos/presentaciones presentados por ambos dinamizadores, que sirvieron para centrar la discusión.

Conclusiones

1. No existe la neutralidad en el ejercicio profesional de la intervención/acción socioeducativa. Por ello, es necesario capacitarnos, tanto en la formación como en la práctica, dotándonos de herramientas para valorar la circunstancia ideológica que rodea la intervención/acción social y educativa.

2. La complejidad de las sociedades actuales y las demandas que éstas exigen de la práctica profesional de los educadores sociales, plantean la necesidad de construir una nueva “cultura política” que propicie una reflexión encaminada a repensar y dotar de contenido conceptos básicos de nuestro campo profesional, tales como ciudadanía, democracia, solidaridad, exclusión social, identidad, prestaciones, universalización de derechos…

3. La fragilidad de las bases teóricas de la educación social, su construcción realizada preferentemente -al menos durante los primeros momentos de su profesionalidad- desde la práctica, así como las difíciles circunstancias laborales de la mayoría de los profesionales, dificultan la construcción de un código ético-político de la profesión y tienden a diluir el compromiso deontológico de ciertos profesionales acomodados en el sistema.

4. La perspectiva política de la educación social se concreta, fundamentalmente, en la lucha por no renunciar a trabajar por el cambio social, en rechazar cualquier tipo de domesticación del ejercicio profesional. El compromiso político del educador social debe ser un instrumento desenmascarador de la utilización de las políticas sociales como herramientas de legitimación de una sociedad de desigualdades y conformada desde la “lógica del mercado”.

5. La práctica profesional de la educación social está inscrita en un juego de equilibrios entre el encargo social y la naturaleza de nuestra acción, en la que debemos estar atentos, sobretodo en aquello que afecta a la posible instrumentalización de la información que suministramos a las instituciones sobre nuestra intervención y sobre los sujetos afectados.

6. La realidad actual demanda un acercamiento sinérgico entre los espacios de la política y el mundo de lo técnico, que no deben presentarse como escenarios enfrentados o jerarquizados uno por encima del otro. Hacer comprender al estamento político las necesidades y circunstancias del trabajo profesional de los técnicos (“tecnificar la política”) y conseguir una correcta valoración del sentido de la política como ejercicio del poder por parte de los profesionales de la educación social, parecen caminos necesarios al objeto de mejorar la realidad socioeducativa.

7. Reconocemos las dificultades de un trabajo “multidisciplinar” que no sea sólo el sumativo de las opiniones y discursos de los profesionales que convergen en la práctica de la acción social. Hay que hacer una apuesta decidida por “el trabajo en red”, con el objeto de construir el discurso y la acción social de manera colectiva, hasta con la participación de las personas con las que intervenimos, como primer paso para una sociedad que funcione en “código abierto”.

8. La función mediadora, inherente a nuestra profesión, también esta presente en la tensión entre el encargo político y la realidad social, nos pone cotidianamente en situaciones de tener que dar una respuesta, que ha de ser profesional, a los límites entre lo que se espera de nosotros y nuestra conciencia de lo que es necesario.

9. Finalmente, destacamos la importancia de fomentar la participación como una de las tareas clave del educador social. Devolver la voz al ciudadano y crear canales de participación, son aspectos prioritarios a la hora de conseguir sociedades cohesionadas y correctamente vertebradas.


Cultura Política y Educación Social. Dos realidades condenadas a entenderse – Ramón López

El encargo vivido desde la práctica profesional: una experiencia y algunas propuestas – Carlos Sánchez-Valverde