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domingo, 30 de abril de 2017
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Escolaridad compartida, una herramienta para la integración
22/may/2006

Blanca Maldonado. Profesora del CPEE Esperança de Lleida.

Desde hace unos años y de acuerdo con la normativa vigente sobre matriculación de los alumnos con NEE (Necesidades Educativas Especiales) en centros ordinarios, se sigue a menudo un nuevo modelo de integración: la escolaridad compartida (centro especial / centro ordinario).

En nuestra escuela, 20 alumnos disfrutan de este tipo de respuesta educativa en diferentes escuelas de la ciudad y alrededores.



¿Qué es la escolaridad compartida?

Esta modalidad de educación es la respuesta a un tipo determinado de concepto de integración. Hegarty (HEGARTY, POCKLINGTON y LUCAS, 1981) dice que el objetivo de toda esta dinámica no es la integración, sino que es la educación de los alumnos con necesidades educativas especiales. Ha propuesto hablar en términos de Claseeducar alumnos con necesidades educativas especiales en la escuela ordinaria”, y esto quiere decir que es el conjunto del sistema educativo el que asume esta responsabilidad, utilizando, si se requiere, más de un tipo de servicio.

Esta concepción de integración hace que sea un proceso dinámico, con la posibilidad de valorar qué forma es la más positiva para el alumno en función de sus posibilidades y de las características de la oferta educativa existente en cada lugar y que, además, puede ir modificándose a la vez que cambia la situación de los chicos y chicas.


¿Qué objetivos tiene?

  • Proporcionar a los alumnos con NEE aquellos entornos y experiencias más apropiados para conseguir el máximo desarrollo de sus capacidades.

  • Facilitar la relación entre alumnos y maestros de la escuela ordinaria y la escuela especial.

  • Permitir a los alumnos con NEE el acceso a entornos tan normalizados como sea posible.

  • Promover un trabajo conjunto entre los maestros de los dos centros para elaborar estrategias adecuadas que vayan encaminadas al tratamiento de la diversidad en el aula.


¿Qué hay que hacer antes de empezar la escolaridad compartida?

Una vez la EAP correspondiente, las dos escuelas y la familia han valorado la propuesta y han determinado la distribución de los días, se pone en marcha el engranaje que hará posible la escolaridad.

Hay que coordinar y decidir en conjunto todos aquellos aspectos que rodean a los alumnos y su proceso educativo:

  • Priorizar las áreas que hay que trabajar en las dos escuelas y elaborar todas las adaptaciones necesarias para que el alumno pueda acceder al currículum que comparte con su grupo clase de referencia en la escuela ordinaria y en la escuela especial.

  • Determinar qué apoyos físicos y humanos necesitará (logopedia, fisioterapia, recursos informáticos).

  • Implicar a los dos claustros de maestros y educadores y a otros profesionales (fisioterapeutas, logopedas, monitores de tiempo libre...) para sacar el máximo provecho de cada situación.

Es un proceso muy complicado para el alumno y su entorno. Debe explicarse muy bien a los padres cuál es la finalidad de esta modalidad y hay que estar muy atento a los intereses, motivaciones y, sobre todo, a los sentimientos del alumno y de sus compañeros del grupo clase. La adaptación puede ser todavía más difícil si la escolaridad compartida no se empieza en los primeros años de colegio sino en el ciclo medio o en la segunda etapa.

ClaseEn todo este engranaje es de vital importancia la actuación de los profesionales que acompañan al alumno en el día a día de su jornada escolar: los maestros, los educadores y los veladores (en función de las limitaciones físicas de los alumnos, ayudan al alumno en el aula ordinaria).

En nuestra escuela, muchos alumnos siguen esta modalidad de escolarización. Los maestros y educadores que trabajamos con ellos en la escuela especial, a menudo reflexionamos sobre la función de nuestra tarea.


¿Es positivo hacer pasar a los alumnos y familias por un proceso así?

En mi escuela estamos convencidos de que lo mejor para los niños y niñas con cualquier tipo de disminución es poder disfrutar de un entorno absolutamente normalizado. Las posibilidades que ofrece la relación con personas sin ninguna disminución son inmensamente más amplias que las que se pueden tener en un centro especial. GrupoLas personas aprendemos de la relación con otras personas, y no es necesario decir que en un período en el que los chicos aprenden sobre todo por imitación, hace falta que los modelos a imitar sean los correctos. A veces, o tal vez siempre, es más importante poder observar y participar de actividades de juego, de conversación, de situaciones de malentendidos, pequeñas travesuras y peleas entre chavales, de salidas, de audiciones, de fiestas populares... con unos compañeros de la misma edad absolutamente “normalizados”, que no pensar que el nivel de conocimientos y habilidades de aprendizaje de un niño pueden condicionar su integración total o parcial. Siempre hay que partir de la intención de integración total.

En algunos casos, y en contra de lo que debería ser, la integración es más fácil si tenemos menos servicios al alcance. En los pueblos pequeños y alejados de un núcleo urbano suficientemente grande, casi nunca se plantea que un niño no pueda estar integrado en una escuela ordinaria. Aquel es su pueblo y aquella es su escuela. El sistema educativo pondrá en marcha todos los recursos necesarios para la escolarización en su pueblo. Esta es la mejor integración de todas.

Los niños de ciudad y de núcleos grandes pueden acceder a recursos específicos de una manera más fácil. En la escuela tendemos a valorar mucho más los aspectos de desarrollo personal que los aspectos curriculares a la hora de proponer una escolarización compartida, para que esta accesibilidad no ponga límites a su integración.

ClaseA pesar de todo, hay muchas circunstancias que favorecen el aumento de las dificultades para seguir una escolarización totalmente ordinaria y que, a veces, son externas al sistema educativo (las actitudes y expectativas de la familia, los estímulos que ejerce el entorno inmediato, las posibilidades de comunicación, la dificultad para interaccionar con los demás, la motivación para el aprendizaje, las alteraciones en el comportamiento), y otras propias de cada centro (las actitudes de los profesores, la organización de los centros, los recursos disponibles, los procesos de desarrollo del currículum, el compromiso global de todos en la atención a las necesidades educativas especiales).

Es en estas situaciones cuando se plantea limitar la integración. Es una muy buena oportunidad para estos niños.

Nos planteamos la necesidad de compartir todavía más con la escuela ordinaria y con la familia todas aquellas impresiones, intuiciones y aspectos extracurriculares que pueden contribuir al hecho que realmente sea una experiencia integradora.

Hay muchas diferencias entre las dos escuelas y que normalmente son superables:

  • La organización de los espacios.

  • La ratio de los grupos.

  • El tipo de relación que se establece entre los compañeros.

  • La dinámica y las estrategias de trabajo en cada grupo.

  • El tratamiento de las individualidades afectivas...

En la escuela especial se trabajan todos aquellos aspectos que permitirán a los Clasealumnos participar de un entorno normalizado, en este caso, la enseñanza ordinaria. Los maestros y los educadores de la escuela especial trabajamos a la vez los aprendizajes funcionales para cada uno de los alumnos; los primeros, los aspectos más curriculares y, los educadores, los hábitos y habilidades sociales necesarios para acceder a ella. Una de sus funciones es participar en la elaboración de programas específicos y llevarlos a cabo para dar apoyo al alumnado en aspectos de su autonomía personal para que puedan participar en todas las actividades (desplazamientos dentro y fuera del centro, control y cambio postural...). Uno sin el otro no podrían funcionar.

Hay que ayudar a los alumnos a desarrollar las estrategias y los recursos personales que todo el mundo necesita para vivir y aprender, aunque no lo hagan a la vez y de la misma manera que los compañeros de su edad.

Algunos de nuestros alumnos podrán volver antes de finalizar la primaria a su Claseescuela ordinaria de referencia a tiempo total; otros harán el proceso inverso y completarán la escolaridad a tiempo total en la escuela especial.

Aunque sus limitaciones no hayan hecho posible la integración total, durante todo el tiempo que han participado y han aprendido de modelos absolutamente normalizadores.

En definitiva, creemos que una adecuada escolaridad compartida hace posible que nuestros alumnos puedan participar de todo aquello que el día a día nos ofrece por igual a todos.



Bibliografía

  • Decret 177/84 sobre l'ordenació de l'Educació Especial per a la seva integració en el sistema educatiu ordinario. Barcelona: Generalitat de Catalunya. Departament d’Ensenyament, 1984.
  • HEGARTY, S.; POCKLINGTON, K. y LUCAS, D. Integration in Action. Case Studies in the Integration of Pupils with Specials Needs. Taylor & Francis Ltd. Windsor: NFER/Nelson, 1981.

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