logotipo
pixel
pixel
pixel
pixel
pixel
pixel
pixel
pixel
pixel
pixel
pixel pixel
detalle
jueves, 23 de febrero de 2017
número 3
detalle
pixel Salud Mental y Educación Social
pixel
pixel
ARTÍCULOS
detalle
pixel

Adolescencia, salud mental y educación social
30/nov/2004

M. José Bolarín. Educadora Social. Servei Català de la Salut (División de Atención Psiquiatrita y Salud Mental).

Una parte de la población infantil y adolescente sufre patologías mentales que repercuten seriamente en su vida activa, en sus relaciones sociales y en sus adaptaciones a los cambios. Un dispositivo sanitario orientado a mejorar o paliar estos problemas de salud son los hospitales de día para adolescentes donde un equipo multidisciplinar se ocupa del tratamiento de los chicos y chicas con problemas de esta índole. El rol del educador social en este ámbito es crucial para favorecer y propiciar la detección de problemas sociales que afectan a los pacientes y a su reeducación mediante una relación de confianza y la promoción de cambios y mejoras en la coordinación con los recursos existentes para la reinserción social de estos niños y adolescentes con problemas.

Según la OMS, un 20% de la población va a sufrir a lo largo de la vida un trastorno de salud mental, desde el 2000 hasta el año 2010. Una buena salud mental es esencial para mantener una vida activa, mantener relaciones sociales y vivir adaptándose a los cambios propios de la vida; por tanto el buen estado de salud mental favorece la comunicación, el crecimiento personal y la integración en la sociedad.

En la etapa prepuberal y adolescente es fundamental un buen desarrollo cognitivo, afectivo y conductual del ser humano, necesario para el paso a la vida adulta. Durante estas etapas evolutivas ocurren cambios dentro de la normalidad aunque en otras situaciones se trata de problemas de salud mental relacionados con alteraciones del pensamiento, del estado de ánimo o del comportamiento.

Los adolescentes son un colectivo muy especial, en esta etapa evolutiva coexisten y se alternan conductas infantiles con otras que empiezan a ser de adulto. Comprender la adolescencia requiere un enfoque multidisciplinar, ya que además de los cambios psicológicos y biológicos incluidos, también las interacciones grupales e interpersonales son los inicios del intento de independencia con respecto a la famila.

Existen diferentes dispositivos donde se tratan clínicamente los problemas de salud mental, ya sea de tipo ambulatorio u hospitalario. Concretamente, uno de los servicios en que se atienden estos problemas de salud de una forma global y con un enfoque multiprofesional son los hospitales de día para adolescentes (HDA).

Los objetivos fundamentales de este dispositivo son conseguir la mejoría clínica o remisión de los síntomas, favorecer la reinserción en el medio sociofamiliar e incidir en la mejora del pronóstico de la enfermedad.

Desde la perspectiva de la educación social o del profesional educador nos centraríamos en trabajar la capacidad de inserción en el medio social y familiar del paciente, por tanto uno de los principales objetivos educativos es mantener o propiciar la inserción de los adolescentes en el ámbito comunitario, ya que esto va a posibilitar la función reeducadora y aumentar las habilidades sociales del individuo.

Los tipos de patologías que se atienden en este dispositivo son fobias graves, trastornos obsesivos compulsivos, trastornos psicóticos que cursan con inhibición o exaltación, trastornos de personalidad, trastornos límites y trastornos conductuales, entre otros.

Por tanto, el tratamiento de estas patologías se realiza de forma multidisciplinar y se cuenta con psiquiatras, psicólogos, educadores, personal de enfermería, etc.

El papel del educador social en este medio se centra en la evaluación previa y con ello se clasifican y delimitan las conductas que presenta el paciente, el diagnóstico clínico lo realizan los profesionales de la psiquiatría y de la psicología basándose en la observación clínica de la conducta del menor, a partir de la cual éstas se categorizan.

Como cualquier otra intervención, la intervención educativa precisa una evaluación del problema y un análisis de necesidades de educación del menor (que además de al chico o chica atañe también a su entorno social), por ello se realiza un diagnóstico educativo lo más correcto posible.

El método de trabajo de un educador en un HDA, se basa en distintas técnicas, entre ellas: la observación directa, la observación indirecta, entrevistas, cuestionarios, informes, escalas y técnicas de dinámica de grupos entre otras.

El rol del educador en este medio tiene una función terapéutica a través de la relación personal que se establece con los pacientes y mediante las herramientas que proporcionan los talleres que se organizan.

Para cada uno de los pacientes ingresados se planifica un programa terapéutico individual, que se construye conjuntamente por el equipo y se desglosa en tres vertientes de trabajo:

a) actividad psicoterapéutica (individual/grupal/familiar)

b) actividad educativa terapéutica (talleres coordinados por educadores)

c) acctividad académica (adaptación curricular personal)

El ámbito de la salud mental es bastante desconocido para la pedagogía social. Continuamente se producen situaciones, en nuestras comunidades, de falta de integración de las personas que sufren enfermedades mentales, por ello es necesaria una especialización de la educación en este ámbito ya que su intervención resulta terapéutica, conjuntamente con el resto de profesionales que los atienden.

Como ya sabemos, la educación social tiene como finalidad la rehabilitación y reinserción social de personas en situación de riesgo o en exclusión social. Es importante destacar las características personales de los educadores de este ámbito:

  • Son profesionales que entienden y se adaptan continuamente a las necesidades y a los problemas de los pacientes a quienes atienden.

  • Intervienen desde el campo educativo mediante el trabajo en equipo, con formación continuada y siendo capaces de gestionar sus propios recursos.

  • Son autónomos y responsables y conscientes de las limitaciones de su actuación.


La educación social amalgama un conjunto de saberes que tratan sobre un objeto determinado y que confluyen en lo pedagógico y lo social; es difícil establecer un límite que defina claramente cual es la función y el ámbito de actuación de un educador.

Las competencias del educador de salud mental tienen todavía que delimitarse, ya que se va haciendo continuamente y progresivamente, de acuerdo con los estudios que se realizan sobre este campo y teniendo en cuenta la reflexión que realizamos los propios educadores de nuestra práctica.

El educador de salud mental realiza sus funciones en un medio interno, lo hace bajo una filosofía institucional, lo que influye en su quehacer cotidiano, en la orientación de sus objetivos, en los pacientes con quienes se relaciona, en los planteamientos de trabajo y en la autonomía con que lo haga.

En este medio el educador puede desarrollarse profesionalmente y profesionalizarse llevando a cabo proyectos educativos adaptados a cada paciente mediante la promoción de actividades, programación de acciones educativas para la integración social, atención a las familias de los pacientes, elaboración y supervisión de objetivos, coordinación de actividades con otros centros, participación en proyectos comunitarios locales o internacionales, coordinación de los servicios estableciendo criterios y prioridades, derivación de pacientes a otros servicios, realizando el seguimiento y evaluando los resultados educativos junto con el equipo de profesionales con el que trabaja, y un largo etcétera que puede hacer de la intervención educativa en este ámbito una parcela importante de la educación social. Como el HDA con su presencia hay una contención sobre el chico o chica que necesitan esa puesta de límites, es importante en la acción del educador para conseguir esa contención.

Para finalizar, y a modo de conclusión podríamos decir que las funciones del educador en este medio deben estar orientadas hacia la detección de los problemas de índole social que afectan a los pacientes, mediante la relación de confianza y la promoción de cambios y mejoras en coordinación con otros servicios y recursos existentes para el beneficio y la reinserción social de los niños y adolescentes con problemas de salud mental.


Bibliografía

  • CENTRE DE SALUT MENTAL INFANTIL I JUVENIL ORIENTA. Salut mental infantil i juvenil. Estudi sociosanitari. Barcelona: Claret, 1995.
  • COL·LEGI D'EDUCADORES I EDUCADORS SOCIALS DE CATALUNYA (CEESC). Quaderns d'educació social número 2. Salut mental i educació social, Destinats a anar plegats. L'Hospitalet de Llobregat: CEESC, 2002.
    CORRAL A.; PARDO P. Psicología evolutiva I. Introducción al desarrollo. Vol. I. Madrid: UNED, 2001.
  • GENERALITAT DE CATALUNYA. DEPARTAMENT DE SANITAT I SEGURETAT SOCIAL. Pla de salut de Catalunya, 1993-1995. Barcelona: Departament de Sanitat i Seguretat Social, 1993
  • GONZÁLEZ, Á.; MEDINA, A; DE LA TORRE, S. Didáctica general: Modelos y estratégias para la intervención social. Madrid: Universitas, SA., 2001.
  • HOSPITAL SANT JOAN DE DÉU D'ESPLUGUES. Memoria any 2001. Centre de salut mental infantil i juvenil de Mollet i Hospital de Dia de Mollet. Barcelona: Servei de Psiquiatria i Psicología, 2001. (Documento interno).
  • MARTÍNEZ, M. DE C; ÁLVAREZ, B. Orientación Familiar. Madrid: UNED, 2002.
  • ROMANS M., PETRUS A., TRILLA J. De profesión: educador(a) social. Barcelona: Paidós, 2002.
  • VELAZ, C. Intervención educativa y orientadora para la inclusión social de menores en riesgo. Factores escolares y socioculturales. UNED: Madrid, 2002.

 

Subir

detalle