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La Mirada Estrábica: Una reflexión sobre la Educación Social desde la formación en el ámbito no-formal
21/jul/2011

Rafael Lamata Cotanda, Licenciado en Ciencias de la Educación. Experto en Animación Sociocultural y Creatividad

Artículo preparado para su descarga en pdf

Discúlpenme,  pero yo no soy educador social

Parece que el pensamiento científico dedica buena parte de su tiempo a delimitar cual es el territorio de su objeto de estudio, y delimitar a sí mismo quién es la persona capacitada para dicho estudio. Estos criterios se han traducido en disputas universitarias y laborales a lo largo de siglos.

La Educación Social como formación universitaria y como desempeño laboral ha sufrido esas disputas a lo largo de su gestación y breve vida reconocida.

Este artículo, escrito desde el otro lado, desde la informe masa de lo “no formal”, plantea algunas reflexiones por si pudieran ser de utilidad para ayudar al sano desarrollo de esa imprescindible criatura a la que se le puso el nombre de “Educación Social”.

La informal formalidad de lo no-formal

Desde los años cincuenta, del siglo pasado, para analizar cómo se produce la educación de las personas, se ha hablado de educación formal, no formal e informal.

Actualmente estos tres conceptos tienen límites muy difusos y muchas personas inteligentes consideran que esta clasificación está desfasada. Parece más adecuado entender que los planteamientos educativos son “unos” y cada cual los ejerce desde donde puede o quiere.

En todo caso, recordaremos que la educación formal se suele entender como la que se genera desde el sistema educativo oficial: aquellos procesos formativos reglados y estables, que se plantea el gobierno de un país, de una comunidad, para garantizar el sostenimiento y desarrollo de su población. Por tanto, está ligada a la idea de obligatoriedad: se intenta que sea gratuita y obligatoria. Cada vez una mayor “cantidad de formación” para garantizar la mejor preparación de las personas. Así mismo, resulta obligado el tener un determinado nivel educativo para acceder a uno u otro tipo de empleo.

Rafael LamataCon el concepto de “educación informal” nos referíamos a todos los procesos que, sin un explícito carácter y organización educativa, ejercen su influencia en la vida de las personas. Familia, amigos, publicidad, televisión, viajes, etc.

Está ligada a la idea de emotividad: sobre los contextos de educación informal natural (amigos, familia, barrio) se van instalando de manera “vírica” todo tipo de referencias publicitarias, imágenes, informaciones, modelos sociales, etc., que juegan no desde un plano intelectual sino desde un plano de seducción. La hegemonía de lo audiovisual en esta época otorga un gigantesco poder a este “enfoque”. Se supone que no hay una intención educativa explícita, pero posiblemente, desde el ámbito informal es desde donde se ejerce en este momento la mayor influencia “educativa”.

Por último, se puede entender la  idea de educación no-formal como todos aquellos procesos formativos (que explicitan su intención y organización educativa) que están fuera del sistema educativo formal.

Esta definición nos permite entender varias cosas:

Que la educación no-formal, sin tener ese nombre, existe en toda la historia del desarrollo del conocimiento humano.

Que una vez que se van creando los sistemas de educación formales estos determinan informaciones, habilidades y valores que entran dentro de sus objetivos y, naturalmente, siempre quedan otras informaciones, habilidades y valores que quedan fuera de ellos.

Que la educación formal, al intentar tener un alcance a toda la población, suele ser más lenta en sus cambios y más generalista en sus contenidos, mientras que la educación no-formal puede asumir con mayor rapidez procesos formativos específicos y novedosos.

Que los sistemas formales, aún teniendo una intención de alcanzar a toda la población, van dejando cierta cantidad de población que, por diversos motivos, quedan fuera del sistema o fuera del logro de los objetivos que pretende.

Pero, como decíamos al principio de este artículo, las fronteras de estos tres conceptos de educación son cada vez más borrosas.

Lo formal va asumiendo cada vez más contenidos que ha venido trabajando lo no-formal. Lo no-formal explora continuamente los ámbitos de la educación informal. Lo no-formal se formaliza. Lo informal “merodea” lo educativo (los controles sobre publicidad, televisión educativa, juegos educativos, los agentes publicitarios asumen valores “alternativos” para limpiar su imagen y vender más, etc.)

Si por estar en zonas fronterizas, no sabemos exactamente en qué marco educativo estamos situados, ese problema “geográfico” no nos ahorrará la necesidad de hacer la formación correctamente. Posiblemente, esa localización, se traduce en el simple y viejo criterio de saber quién nos paga (si es que acaso nos pagara alguien), y de dónde viene el dinero.


¿Qué tengo yo que no tengas tú?

La civilización humana se ha construido bajo este principio.

Y ese juego de fuerzas, o esa dinámica de vasos comunicantes, parece que ha fundamentado el comercio, las guerras, las relaciones humanas, y como no podía ser de otra manera, la educación.

Así, nos ponemos en valor. Y este principio aparece “sutilmente” en los párrafos anteriores dando a entender que lo denominado “no formal”, puede ser más inclusivo, más dinámico, más ágil, más práctico, más participativo, más concreto, más divertido, y si me apuran, más atractivo que lo formal.

Ante lo que, las personas que estén leyendo este artículo y estén pagadas por el ministerio de Educación o Consejería correspondiente, dirán que “para nada”, que ya están aquí los entretenedores del tiempo libre, los que no evalúan, donde da clase el más simpático, donde no hay contenidos, etc.

Y si pertenecen al grupo de los quemados, saturados, impedidos, bloqueados, clausurados, que se dan de forma natural en cualquiera de estos ámbitos,  pues… probablemente, habrán abandona la lectura de este artículo hace ya algún tiempo.

En fin, que este texto puede aportar una reflexión desde lo denominado “no-formal” porque esa ha sido mi experiencia directa. Pero tengo claro que los problemas educativos hoy en día no se plantean en términos de si esto es educación formal, no formal o informal. Y también tengo claro que los recursos didácticos, pedagógicos, que tiene que manejar un docente tienen que tener la misma riqueza y variedad desde cualquier entidad desde la que ejerza su papel.


Docente, Decente

Sigamos pues. En lo no-formal, en general ocurre que uno “da” una sesión, “hace” un curso, y punto. Más o menos sabe algo sobre el tema a tratar, conoce algunas técnicas, algunos ejercicios y, fundamentalmente, es “buena gente”. Tiene buena intención. A veces le pagan, o le pagan poco, o no le pagan. En general es algo complementario en su vida.

En lo formal uno saca una oposición o le contrata una entidad privada. Intenta tener un trabajo para vivir (Su nivel de simpatía no entra en juego…).

En cualquiera de estas dos circunstancias convendría preguntarse, más allá de cómo uno se gane la vida ¿Por qué trabajamos formación?, ¿qué se quiere conseguir con la formación? ¿Bajo qué supuestos consideramos que la gente puede aprender?

Explicar por qué nos planteamos actuar de una manera determinada es importante en general, pero en educación es fundamental. Es fundamental para no engañar y es fundamental para que podamos seguir aprendiendo.

Cualquier forma de enseñar siempre es ideológica: potencia determinados valores y no tiene en cuenta otros.

Las condiciones de aprendizaje también están sujetas a variables ideológicas: refuerzan determinados valores en la persona y prescinden de otros.

No se puede no ser ideológico. Lo que sí se puede es no ser explícito en las intenciones formativas. Lo que sí se puede es no ser coherente entre lo que se dice y cómo se actúa.

La Educación Social es una herramienta muy ideológica.

Lo que llamamos “modelo educativo” es el conjunto de criterios explícitos que suponemos que darán por resultado un determinado tipo de experiencias educativas y sus aprendizajes correspondientes.

Los graves problemas sociales, económicos, laborales, a escala local, regional o mundial, no pueden ser solucionados sólo con educación, pero es claro que sí tiene que ser un factor principal en la humanización de los cambios en los que estamos inmersos.

Los problemas de los docentes entiendo que son de tres tipos principalmente:

  • Problemas de recursos y capacidades:

    Cómo consigo que las personas aprendan, que métodos empleo, cómo mantengo la motivación de los demás.

  • Problemas de inercia, saturación y queme:

    Cómo mantengo la motivación propia desde situaciones generales que se van deteriorando

  • Problemas de entendimiento, comunicación:

Cómo hacerse entender, comunicar, con las personas a las que se dirigen. Cómo entenderlas a ellas.


Autoridad e inglés vs jóvenes que no se esfuerzan

Las cosas pueden ser de muchas maneras. Cada uno las vive de una determinada manera, pero las situaciones podrían haber sido infinitas.

Al hablar sobre formación, educación, aprendizaje, cada uno tiene sus propias imágenes, con sus significados particulares, que ha ido obteniendo a lo largo de lo que ha vivido.

Esta obviedad no conviene perderla de vista: aunque lo que vivimos es único, el presente es único, sólo abriremos la posibilidad de cambio si creemos que puede ser de otra manera.

No importa si hablamos de comida, de política, de amor, o de fabricar automóviles. La auténtica creencia en el cambio, la idea de mejora, es la que permite orientar que el próximo presente  sea distinto.

Esto tiene mucho que ver con la educación.

Hay otro principio fundamental en el ser humano que también tiene mucho que ver con la educación: la necesidad de aprendizaje. Esa necesidad siempre ha resultado evidente, por lo menos, desde el nacimiento hasta la “entrada”  en la edad adulta (sabiendo que esa “entrada” ha ido variando a lo largo de las épocas, y actualmente parece más bien una puerta giratoria).

Esto también tiene mucho que ver con la educación.

Si unimos la creencia, traducida en voluntad, de cambio, con la necesidad, traducida en capacidad, de aprendizaje, nos acercaremos a la evolución de la idea de educación.

A lo largo de la historia de la humanidad se han intentado generar y establecer cambios apoyándonos en nuestra capacidad de aprendizaje.

Desde mi experiencia, la clave del sistema educativo, sea formal o no-formal, está en la capacidad de atender, favorecer y consolidar los procesos de aprendizaje.

Esta frase no ha quedado mal, pero sería, como decirlo… ¿vaga?

Concretemos más: La formación necesaria hoy es aquella que permite, favorece y consolida los aprendizajes que las personas necesitan.

Bien, otra afirmación de Perogrullo, de la que surgen dos aclaraciones fundamentales:

1. ¿Cómo conseguimos, favorecemos y consolidamos aprendizajes?

2. ¿Cuáles son los aprendizajes que las personas necesitan?

Vaya, posiblemente llevemos algo más de dosmil años respondiendo a estas preguntas…, pero me temo que eso no nos ahorra tener que responderlas hoy.

1. Cómo permitimos, favorecemos y consolidamos aprendizajes.

Aquí no llevan dos mil años, pero sí doscientos años diciendo que:

- porque uno hable y otro escuche, no se produce aprendizaje.

- se aprende practicando, aplicando.

- se aprende si se entiende el sentido.

Aquí sí me atrevo a decir que el 75% de la Educación Formal, incluyendo la universitaria, no cumple estos criterios. En términos generales el aula se considera un lugar de información, y en el mejor de los casos de explicación. El aprendizaje ( en caso de producirse) se efectúa en la mesa (si la tienes) de tu casa, mediante la memorización de las explicaciones recibidas.

¿Esto se podría hacer de otras maneras? Sin duda.

¿Esto quiere decir que las personas no tienen que estudiar? En absoluto, eso sería ridículo. Esto quiere decir, sencillamente, que el aula no se utiliza como un espacio de aprendizaje, sino como un espacio de explicación. Y el profesor, se supone que es la persona que sabe sobre un tema, pero no es la persona que sabe cómo hacer aprender ese tema.

Por otro lado está el hecho de que, como no podría ser de otra manera, “los jóvenes de ahora no son como los de antes”. Nunca lo han sido, pero cada vez se esfuerzan menos, cada vez manifiestan menos respeto a la autoridad y (esto desde el mayo pasado ya no está tan claro), se comprometen menos con su realidad.

¿El terrible fracaso escolar se traducirá en fracaso social o fracaso de la sociedad?

Digamos que se ha dado un fracaso de la sociedad, traducido en una quiebra económica, paralela a esa quiebra educativa. Y no podremos dejar de preguntarnos en este contexto ¿cómo se cultiva la motivación en nuestra sociedad actual?

La motivación en tiempos de crisis.

Es decir que para desentrañar esa primera pregunta que nos hacíamos un poco más arriba ¿Cómo conseguimos, favorecemos y consolidamos aprendizajes?, deberíamos aclarar cómo desarrollamos la motivación en tiempos de crisis.

Para abordar este problema tenemos que diferenciar los diferentes focos de motivación. Hacer un análisis del campo motivacional:

La motivación infantil (el juego, la capacidad de adaptación)

La motivación adolescente (su construcción de la responsabilidad – la necesidad de identificación, de definirse oponiéndose)

La motivación joven (la visión de su futuro laboral – la definición de sus capacidades)

La motivación adulta (la adaptación al cambio – el desarrollo de capacidades)

Los valores motivacionales van variando a lo largo de la vida: qué es lo que nos importa y en función de qué, queremos actuar.  y la crisis económica, parece que traduce todo el espectro motivacional a “cómo aproximarme a ganar dinero”.

2. ¿Cuáles son los aprendizajes que las personas necesitan?

Esta cuestión parece que tendría que resolverse analizando qué contenidos necesita una persona para desarrollar sus capacidades y actuar (¿trabajar?), vivir “integradamente”, en nuestra sociedad…

Podríamos decir que hay una parte de estructura base, lo que se denominan competencias básicas y otra parte de asuntos cambiantes. Hay una parte de elementos que cambian en nuestra sociedad, de forma vertiginosa.

Aquí lo que nos interesa es el ámbito de la Educación Social.

La educación social, como casi todo, es hija de esa Educación no formalizada, no generalizada, que se ocupa de la gente que estaba mal. Que tenía unas condiciones de vida peores, por diversos motivos.


La educación social: Esa mirada estrábica

Mirada estrábicaLa educación social es estrábica por naturaleza: tiene un ojo mirando al ámbito formal y el otro ojo mirando al ámbito no-formal.

Su nacimiento universitario es reciente, apenas treinta años. Venía, en su vertiente no formal, de la monja y el cura, de la asociación de vecinos, del sindicato, de la asociación cultural, de todos los bienintencionados que históricamente han trabajado para la gente que estaba en condiciones (físicas, materiales, sociales) peores, distintas diríamos ahora.

Una historia valiosísima, teniendo en cuenta los contextos socio-políticos donde se fraguó. Todo ese trabajo se ha recogido en buena medida desde la educación social.


La educación social observada (estrábicamente) desde lo no-formal en tiempos de crisis

En vez de este título podríamos haber escrito: La educación social cuando la gente tiene menos dinero. Pero como el dinero no se esfuma… creo yo. Podríamos decir: la educación no formal cuando se polarizan las posibilidades económicas de la gente en la sociedad occidental industrializada.


Los que ya no estudiamos

El problema desde aquí podría formularse en términos de: ¿cómo tenemos que cambiar nuestros hábitos cuando tenemos menos dinero? O, desgraciadamente, ¿qué hábitos deberíamos desarrollar para poder mantener un buen nivel de vida en una situación de crisis?

Lo que hace un adulto normalmente es trabajar y tener un cierto tiempo de ocio. Trabajar con personas, con grupos, con comunidades no tiene que ser caro.

Cada vez hay más personas que en vez de trabajar dedican su tiempo a buscar trabajo y también pueden tener cierto tiempo de ocio.

En su tiempo de ocio las personas, trabajen o no, suelen ver la televisión mayoritariamente, leer en algún caso, estar con familia o amigos, participar en alguna actividad social, en algunos casos.

Pero además, para mantenerse en este delicado equilibrio de la supervivencia, algunas personas tienen que volver a aprender nuevas capacidades para poder ganarse la vida con ellas.

¿Qué es lo que puede observar la educación social con su mirada doble, en este nuevo marco de crisis? ¿Y qué aporta?


Los que tienen que estudiar

Cuando hablamos de “los que tienen que estudiar” nos podemos referir a los que tienen que estudiar por obligación, los que tienen que estudiar por necesidad, y los que estudian por gusto (que también los hay).

Naturalmente estas tres categorías se mezclan, pero en cada persona podríamos interpretar, en un momento determinado, una de estas tres como dominante.

Normalmente yo he ejercido mi tarea docente con personas que estudiaban principalmente por gusto. Una parte del ámbito no-formal se dedica a ese tipo de reciclaje.

Si rascamos un poco, veremos que “el gusto” normalmente se traduce en una “necesidad” que no es de supervivencia.

Uno puede encontrar gusto en la necesidad y en la obligación, y viceversa.

También podemos ver que los que estudian por obligación, satisfacen necesidades de conocimiento, y pueden tener gusto por lo que hacen.

En realidad las categorías: “por gusto”, “por obligación”, “por necesidad”, lo que definen es dónde se sitúa la motivación inicial del estudiante.

Lo ideal sería que le encontráramos el gusto a todo lo que hacemos. Quizás fuera esto lo primero que tendríamos que aprender en la Educación Social.

¿Cómo evolucionan los estudiantes de educación social?


Algunas  otras preguntas de Perogrullo de cara al crecimiento de la criatura

- ¿Para que la formación en educación social sea algo vivo tiene que estar en contacto con la realidad social? ¿Esto significa, salir del despacho o del aula y observar y analizar y reflexionar?

- ¿Sería fundamental que estuviera en contacto con el “mundo asociativo”? (Esto es muy arbitrario, porque todo profe tiene algunas asociaciones conocidas con las que organiza las prácticas.) ¿Sería deseable que desde la universidad se promovieran foros, redes, contactos con un cada vez más amplio mapa del sector asociativo?

- En el sector social, no es que la crisis nos “de” más trabajo, es que hay que trabajar más en el ámbito social, en situaciones de crisis. ¿Es evidente que la idea de participación se está revitalizando? y, al menos en todo lo que tiene que ver con los temas de animación sociocultural, ¿habrá que prestarle mucha atención? ¿Incluso, participar activamente…?

- ¿La innovación, la creatividad, conviene que sigan siendo conceptos claves para intentar que poco a poco vayan tiñendo el territorio educativo?

- ¿La calidad educativa entendida como desarrollo de aprendizajes interesantes, útiles, sigue siendo una clave de trabajo? ¿Hacer del aula un lugar de aprendizaje? ¿es eso posible?

¿Pero a quién estoy haciendo estas preguntas? ¿Al catedrático que ya está instalado en su departamento? ¿Al profesor que viene de no sé qué experiencias asociativas, y por fin tiene su plaza… y tiene que pagar su hipoteca? ¿Al alumno que le “mola” el rollo social? ¿A mí mismo con mi lista de preocupaciones cotidianas? No lo sé, confío en que todos los demás actúen lo mejor que puedan, yo no dejo de preguntarme ¿Qué es lo que se aprende con  la formación que hacemos?

Con un ojo aquí y otro allá creo que cada vez se hace más necesario no dejar de mirar a los dos lados y que el afán de reconocimiento y legitimación de la educación social no le haga  perder su imprescindible vitalidad.

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