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lunes, 20 de noviembre de 2017
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pixel Educación Social y Animación Sociocultural
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El animador/a sociocultural: apuntes "sui generis" para su definición actual
17/dic/2008

Gemma Lladós. Filóloga. Educadora social. Jefa de administración de Trànsit Projectes. Juan Pedregosa. Filólogo. Educador social. Director de ITD (Innovación, Transferencia y Desarrollo).

Este artículo ofrece algunas reflexiones urgentes en torno a la práctica de la animación sociocultural. Sin entrar en los contenidos específicos profesionales que deben ser la base del oficio y que se imparten en los distintos centros universitarios, tiene una modesta intención aleccionadora. Para ilustrarla, cada parte se inicia con el título de una obra literaria referenciadora que se comenta posteriormente en referencia a las preocupaciones e inquietudes de la profesión.


La conjura de los necios de John Kennedy Toole

Siendo puristas, a veces tenemos la impresión que nadie sabe qué hacemos, por qué hacemos lo que hacemos, qué queremos conseguir, ni cuándo, ni cómo, ni todas aquellas preguntas básicas que dicen que debe saber todo periodista en su primer curso de carrera: ya sabéis, las famosas seis w (who, when, what, how, why, when). Los estudios sociales deberían empezar como los estudios periodísticos, aunque esta pobre gente, los periodistas, está quizá tan desconcertada como el resto, porque en definitiva también se quejan de lo mismo: nadie sabe qué hace, por qué hace lo que hace, qué está consiguiendo, qué quiere conseguir, etc. Los atenaza el auténtico y genuino mal fin de siècle (o débout de siècle) que bloquea a la gran mayoría del cuerpo laboral occidental: la desvalorización o la no valoración, la banalización del trabajo que se realiza, la corrosión del espíritu...

Imaginemos un equipamiento cualquiera, un director/a cualquiera bajo un gerente cualquiera, con un equipo de dinamizadores/oras, animadores/oras, con posiblemente (¿posiblemente?) el apoyo de personal administrativo o logístico. A parte del proyecto de centro, que el 95% de los citados desconocen, no tenemos más guía que la experiencia y una formación continuada siempre a remolque. Ante esto, como hemos comprobado en los últimos años, nos encontramos con la cambiante incorporación de las modas de la gestión en nuestra querida cotidianidad.

El sufrido animador ha visto cómo la voluntad de dinamizar las calles y a sus ciudadanos se ha ido dejando, para empezar a dinamizar espacios, asociaciones y usuarios; después, se ha dedicado a gestionar y a tratar con clientes y, finalmente, ha descubierto de nuevo la necesidad de volver a la calle, a tropezar con la realidad y, por tanto, redibujar el círculo. Así ha sido la historia de la animación en nuestro país y así la han sufrido o disfrutado sus protagonistas.

Estos cambios, que se han producido en un periodo relativamente corto de tiempo, se inscriben en un contexto que algunos se atreven a denominar como cambio de época, cuyos síntomas económicos, sociales, productivos y consuetudinarios son por todos conocidos. Al exceder, esta esfera, nuestra capacidad de análisis, podemos volver a sus consecuencias prácticas y, mira por dónde, tenemos dos grandes pilares donde apoyarnos, que proceden de etapas personales que creíamos olvidadas.

El primero tiene que ver con el pensamiento jesuítico clásico y más concretamente con el célebre consejo de San Ignacio de Loyola "templanza en tiempos de mudanza". Dicho de otra manera, tenemos que acostumbrarnos a ser pacientes, a perseverar en nuestros esfuerzos y a tener confianza en lo que creemos que podemos hacer. En definitiva, tenemos que mantener la calma, porque después de las tormentas volverá la tranquilidad, y las personas (nuestros clientes o usuarios, en definitiva) continuarán estando donde están.

El segundo pilar se apoya en nuestras madres y en sus admoniciones sobre lo que estaba bien o mal y en cómo nos tenemos que comportar para conseguir lo que queremos. El segundo pilar es el sentido común, el más injuriado, el más simple, el peor visto de todos los sentidos y, desgraciadamente, cada vez menos popular y difícil de ver.


20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne

El animador inicia su singladura profesional. Empieza siendo un grumete y, más adelante, se ve como un marinero hecho y derecho, y, finalmente, cree que llegará a ser un gran capitán, como el propio Nemo, o tendrá delirios de grandeza y creerá ser el Ahab de Moby Dick. Los hay que se ven como Nelson. Imaginaos ¡un Nelson de la animación sociocultural!.

Esto es o será notoriamente falso. Sólo hay que aducir razones de mala comprensión de las palabras. En contra de lo que pensamos, una singladura no es cualquier viaje largo entre diversos puertos. Una singladura es la distancia que recorre una nave en 24 horas. Las singladuras del animador serán cortas y variadas. Un día será grumete, de golpe otro día será marinero, un día hará de cocinero, el otro limpiará la cubierta del barco, otro izará las velas, otro tendrá que coger el timón, otro verá cómo le cogen el timón, otro día hará cabotaje, otro se adentrará en alta mar... Nuestro marinero-animador tendrá que capear con sus usuarios o clientes, claro, su razón de ser, y además tendrá que intentar que sus proyectos se cumplan y sean eficaces y útiles.

Sin embargo, se dará cuenta rápidamente de que cada día tendrá una singladura diferente con el técnico de una y otra administración, con el político de siempre y el nuevo, el de un color y el de otro; con la dirigente de la asociación y el ciudadano; con los proveedores (sí, los proveedores) y los talleristas o los artistas, y éste y aquél y el de más allá. El animador es un ser relacional, relacionado y en estado de perpetua relación. El animador tiene que descubrir que el mar de la animación es el marco de las relaciones que debemos negociar, regular, administrar, controlar y, finalmente, adaptar a nuestra idea de proyecto. Con esta idea de navegación es cómo podrá guiar sus singladuras.


El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez

El problema del coronel, que era un dictador, es que quería cariño. Lo tenía todo pero le faltaba ganar el corazón de los súbditos. El corazón de un súbdito es imposible de ganar. Un súbdito jamás amará realmente a un tirano. Nadie amará realmente a un tirano. Otro tema es la conveniencia o el oportunismo o los intereses, legítimos o no, de cada uno para decir que quiere a una persona de este tipo. En cualquier caso, pulverizadas por suerte algunas antiguas relaciones marciales, el marco de trabajo de cada proyecto se concreta a través de equipos. En ellos es tan importante la suma y combinación de saberes y competencias de sus miembros como la intercambiabilidad de sus liderazgos, la asunción de compromisos variables, la facilidad de cambiar de posición jerárquica, la adaptabilidad a maneras de hacer distintas o la adecuación a diversos contextos espaciales y temporales.

Trabajamos para las personas y esto lo tenemos que hacer conjuntamente con otras personas. Muchas veces este hecho indiscutible tiende a ser olvidado con una despreocupación sorprendente. En el sector profesional de la educación social, sus miembros (trabajadores, responsables, contratadores) se conocen tarde o temprano y, por tanto, sus actuaciones y consecuencias no afectan únicamente a los proyectos y entornos más inmediatos. Son aspectos conocidos y comentados por los que nos encontraremos después y con los que tendremos que colaborar en otros proyectos y actuaciones. Como ejercicio de eficacia en el trabajo y al mismo tiempo como ejercicio de salvaguardia vital, hay que saber ser miembros de equipos y apelar justamente a una cierta finezza en nuestro cumplimiento.


Los pilares de la tierra de Ken Follet

Este es un libro que asusta a los literatos más acérrimos. Ken Follet, el escritor de best-sellers, amenaza con 1.000 páginas de aventuras medievales. Es cierto que los personajes son maniqueos, las pasiones de cartón piedra, los desenlaces previsibles y la escritura tiene un nivel cercano a las redacciones escolares de las vacaciones. Si bien el valor literario del libro es cero, la descripción de la construcción de las catedrales es magnífica. Prolija en detalles, el lector descubre la evolución de las técnicas, el encuentro de nuevas soluciones, la invención de nuevos aparatos, la adaptación de nuevos materiales para la construcción de las catedrales góticas. Pensemos en Santa María del Mar de Barcelona, y en su impresionante altura y cómo lo debieron hacer para obtener la esbeltez y gracia conseguidas. De la misma manera que las técnicas cambian y los objetivos de comunión entre los fieles y su Dios se mantienen inmarchitables, los supuestos de la animación sociocultural se mantienen, mientras que sus servidores deben saberse adaptar a nuevas técnicas.

Además, estas técnicas proceden ahora de ámbitos no previstos en los proyectos profesionales y tienen una incidencia escasa en el desarrollo curricular. En este sentido, destacaremos dos saberes que no han de mantenerse desligados de la actividad sociocultural. El primero es el conocimiento de herramientas de gestión económica. Si bien es cierto que trabajamos con personas, también es cierto que cada minuto que pasa de un proyecto tiene un coste y que el financiador del proyecto, que acostumbra a ser en última instancia, público, quiere saber detalladamente cómo se gasta su dinero. En segundo lugar, destacaríamos una profundización en un uso más eficaz de las posibilidades digitales aplicadas tanto a la propia gestión como a las actividades. La principal máquina que utilizamos (a parte del teléfono móvil) es un ordenador conectado al mundo, cuyas posibilidades desaprovechamos olímpicamente. Las dos facetas (la gestión económica, las nuevas tecnologías) son centrales y afectan a todos los escalones profesionales -sólo hay que mirar en que gastáis (o invertís) buena parte de vuestro tiempo y veréis por qué os lo decimos- pero parecen extrañamente periféricas. Quizás pensando en ellas de manera más desacomplejada conseguiremos construir nuevos edificios (conceptualmente hablando, se entiende).


La paciencia de la araña de Andrea Camilleri

El autor de esta novela, Andrea Camilleri, crea al detective Montalbano inspirándose en el Carvallo de Vázquez Montalbán. Las referencias literarias, personales e ideológicas, entre los dos autores y los dos investigadores se entrecruzan y contaminan. Nosotros debemos entendernos también como arañas que tienen la capacidad de pasar de una telaraña a otra, compartiendo espacios con otras arañas, aunando esfuerzos para conseguir hacer más fuertes y más grandes nuestras telarañas y para unirlas o ampliarlas con otras telarañas. Parafraseando un proverbio inglés: It is not what you know, but who you know; no se trata de qué conoces sino de a quién conoces, cómo te relacionas con esa persona, cómo eres capaz de tirar adelante cosas juntos, de continuar manteniendo el vínculo con el tiempo y de responder con nuevas respuestas a los nuevos problemas. Las arañas con telarañas pequeñas, aisladas, sin comunicación con otras arañas, no podrán sobrevivir, ni tampoco, y eso es lo peor, cumplir su función social, educativa y cultural.

Los cinco libros citados pueden ser lecturas de verano, de metro, de mesita de noche o de butaca con orejeras aterciopeladas. No creemos que entren a partir de ahora en los planes de estudio, pero modestamente aventuramos que pueden dar pistas a aquellos que empiezan, tranquilidad a aquellos que ya llevan tiempo, y diversión a los que ya lo han visto todo.

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