Las Misiones Pedagógicas: más que una utopía

Número 24. MISCELÁNEA. 17/1/2017
Autor: Amando Vega Fuente, San Sebastián (Guipúzcoa).

RESUMEN

Las Misiones Pedagógicas constituyen un proyecto sociopedagógico de gran calado, proyectado hacia una renovación pedagógica y comprometido con la justicia social, no plenamente valorado, tras su eliminación con la Guerra Civil sufrida en España.  Interesa, por esto, disponer de una visión lo más objetiva posible de esta ambiciosa experiencia socioeducativa que bien se puede situar en los inicios de la Educación Social. En este trabajo se presentan algunos aspectos generales de sus antecedentes, su inicio, sus protagonistas, su programa, sus métodos de trabajo y sus objetivos, sin  dejar de lado algunas de sus limitaciones. Finalmente se aportan algunas reflexiones de cara al desarrollo actual de la práctica socioeducativa. Entender el pasado ayuda a comprender no sólo el presente sino también a prevenir y superar los errores del pasado.

PALABRAS CLAVE
Justicia social Educadores sociales Misiones pedagógicas Guerra civil Participación social Educación para la ciudadanía Innovación pedagógica Institución Libre de Enseñanza Práctica socioeducativa Difusión cultural



Introducción

"A más Educación Social, más ciudadanía", lema del congreso celebrado en abril de 2016 en Sevilla, puede recoger muy bien el espíritu de las Misiones Pedagógicas, un proyecto sociopedagógico ambicioso desarrollado entre los años 2031 y 1936. El trabajo realizado por las Misiones Pedagógicas está recogido en muchos documentos ya publicados y no faltan referencias a esta innovadora experiencia en los planes de formación de los educadores sociales.  Incluso RES ha recogido algún artículo sobre la misma al rescatar la historia de la educación social (Sánchez Alber, 2013). De todas formas, críticas no faltan a este ambicioso proyecto, cuyo tono y calado difieren según de dónde vengan.

Interesa, pues, tener la visión más amplia y objetiva posible sobre aquella ambiciosa experiencia educativa que bien se puede situar en los inicios de la Educación Social (Caride García, 2011). Y es aquí donde me parece ilustrador el libro divulgativo de Alejandro Tiana (2016) al ofrecernos una amena y sugerente síntesis de las misiones pedagógicas, apoyada en la investigación más reciente, que sirve de referencia para este escrito. Los educadores sociales debemos aprender del pasado para mejor responder a los retos del presente.

 

Las Misiones Pedagógicas

Las Misiones Pedagógicas surgen a finales del siglo XIX por iniciativa de Manuel Bartolomé Cossío y Francisco Giner de los Ríos. El propio Cossío las presenta como escuelas ambulantes que van de pueblo en pueblo, donde no hay que aprender con lágrimas; lo primero es divertirse.  Para comprender todo su valor, como resalta Tiana (2016), tenemos que ubicarnos en la España de 1931, en uno de esos pueblos abandonados y atenazados por los poderes de caciques y religiosos. Y ponernos en el lugar de esos hombres y mujeres ante la sorpresa, pero también desconfianza, que les producían personas ajenas a sus pueblos, generalmente relacionadas con la enseñanza, pero también escritores, pintores, actores… que llegaban cargados de libros, periódicos, cuadros, música, proyectores de películas, obras de teatro…, al escucharlos en sus exposiciones, al comentar los artículos periodísticos, al verlos escenificando obras de teatro o recitando poesías que abrían sus mentes a nuevas inquietudes e intereses.

Las Misiones Pedagógicas fueron el resultado de una serie de iniciativas previas, que recuerdan Boza y Sánchez (2004). En su origen destaca el influjo de la Escuela Nueva, fundada en 1910 y, sobre todo, de la Institución Libre de Enseñanza, creada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos y promovida por una burguesía culta y progresista. Esta institución aportó una profunda renovación de la pedagogía en España, al recoger las experiencias más progresistas que tenían lugar en Europa. Su objetivo era la transformación de España a través de la educación.  Fue el germen, por otra parte, de instituciones de carácter pedagógico tan influyentes como el Museo Pedagógico Nacional (1882), la Junta para la Ampliación de Estudios (1907), la Residencia de Estudiantes (1910), el Centro de Estudios Históricos (1910) y las Misiones Pedagógicas (1931).

Cossío, continuador de Giner de los Ríos al frente de la Institución Libre de Enseñanza, fue el principal artífice de las Misiones Pedagógicas. Preocupado por el bajísimo nivel de la enseñanza en nuestro país, sugiere en 1899 la necesidad de bibliotecas pedagógicas en las cabezas de partido de nuestra geografía, para que circulen entre las escuelas rurales. En 1922, propone al Consejo de Instrucción Pública, con el fin de reformar la primera enseñanza, misiones ambulantes con los mejores maestros, empezando por las localidades más necesitadas, para llevar animación espiritual al pueblo, y fomentar la vocación y la cultura entre los maestros. Por otra parte, considera imprescindible mejorar el funcionamiento de las bibliotecas circulantes para maestros y niños, incrementar su número y hacerlas extensibles a todo el público, como instrumento educativo capaz de llevar la cultura y la alegría a los pueblos.

Los testimonios gráficos, las fotografías y algún documental que ha llegado hasta nosotros, resalta Tiana (2016), muestran esa mezcla de sensaciones y de sentimientos que vivieron los aldeanos en su primer contacto con aquel grupo de personas tan peculiares procedentes de las ciudades. Ellos traían un gran número de novedades: proyectores y películas de cine, gramófonos con discos, representaciones teatrales, retablo de títeres, reproducciones de cuadros famosos, además de historias, poesías, romances, lecturas y canciones.

 

 

Los jóvenes misioneros se presentaban ante su público (Canes Garrido, 1993: 153):

 

"Es natural que queráis saber, antes de empezar, quiénes somos y a qué venimos. No tengáis miedo. No venimos a pediros nada. Al contrario, venimos a daros de balde algunas cosas. Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas, donde no se necesita hacer novillos. Porque el Gobierno de la República, que nos envía, nos ha dicho que vengamos ante todo a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas, a las más abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo de lo que no sabéis por estar siempre tan solos".  

 

Sin embargo, el desarrollo de este proyecto no fue fácil; a la desconfianza hacia la República por parte de algunos sectores había que añadir el descontento generalizado de muchos trabajadores del campo, que veían cómo las promesas revolucionarias del gobierno llegaban a los pueblos tarde y matizadas, sin olvidar la oposición frontal que se dio en ocasiones, como se pudo constatar, por ejemplo, en la provincia de Salamanca. Martín Bárez (2002: 166-167) recoge el testimonio del poeta Miguel Hernández:

 

He hecho una sola misión y ha sido por tierras, mejor dicho, por piedras salmantinas. Inolvidables para mí los espectáculos de los cuatro pueblos en que estuve y sus gentes de labor... Como el viaje fue por los finales de abril, salí́ a cuerpo limpio para allá. El frio me cogió, y tuve que pedir auxilio a la capa del alcalde en el primer pueblo, a la del maestro en el segundo, a la de un labrador en el tercero y a la de otro en el cuarto [...]. El cura de Princones [sic] [...] se dirigió, con el sagrario abierto y el cáliz en la espalda, al pueblo en plena misa del domingo de Ascensión y clamó y trinó contra los ateos destructores de la iglesia que habían llegado al pueblo, citando frases de la Biblia, de los evangelios y suyas de los sermones. [...] Los campesinos de Ahigal de Villarino nos recibieron –éramos tres los de la misión– recelosos y cejijuntos. Preguntamos al maestro el por qué de aquella actitud y nos dijo ‘Creen que venias a platicar contra don... –el dueño de aquellos campos, no hago memoria del nombre–: y dicen que si es así́ os iréis malparados’. Tan diferentes nos hallaron de lo que ellos pensaban que dormimos en la casona de don... no sé cómo y aquella misma tarde iban hombres y rapaces dando calles abajo la noticia y la hora de la función, que así designaban nuestra labor, con caracolas y cencerros alborotados. [...] En el último pueblo hicimos la segunda misión en pleno campo, proyectando el cine contra el muro de la iglesia. Era cosa de ver los labradores sentados sobre arados y carretas volcadas, la cigüeña de la torre asustada, los candiles con que alumbrarnos en la vara levantada de un carro, las estrellas temblando de frío por mí, y yo envuelto en mi capa parda de un labrador (Hernández, 1992, pp. 2148 y s.).

 

Muchos otros hombres y mujeres que participaron en este proyecto como misioneros, han sido y son figuras destacadas en el panorama artístico e intelectual español: Luis Cernuda, María Zambrano, Rafael Dieste, María Moliner, Enrique Azcoaga, Gonzalo Menéndez Pidal, Ramón Gaya, José́ Antonio Maravall, Alejandro Casona, Eduardo M. Torner... Los misioneros no sólo mantuvieron un profundo intercambio vivencial con los campesinos, sino también dentro del propio grupo. Estos colaboradores, de generaciones y procedencias diversas, coincidían en unas mismas inquietudes hacia los problemas sociales y educativos que entonces se debatían en el país (Martín Bárez, 2002: 158).

Dentro de su compromiso social y deseo de mejora en todas sus actividades, los misioneros estaban siempre abiertos a nuevos proyectos, como la misión “pedagógico-social” desarrollada en la región de Sanabria con la intención de ensayar un tipo de actuación distinto al habitual. Respondían así al debate que se estaba produciendo entre los propios misioneros en el ámbito político acerca del papel que podían y debían desempeñar las misiones para solucionar los problemas del campo. Por esto se decidió acudir no sólo con el bien de la palabra, el libro y la fiesta recreadora, sino también con el apoyo a una alimentación sana para  los niños, la orientación higiénica, los consejos prácticos y la adecuación de las instalaciones de la escuela. Para ello desarrollaron diferentes actividades: arreglo de la escuela, dotación de comedor escolar, atención sanitaria y extensión de una cultura agrícola de base científica. En estas tareas implicaron al maestro recién incorporado, al cura, al alcalde y a algunos vecinos.

 

El programa y sus objetivos

El mismo Manuel Bartolomé Cossío nos relata los motivos de su creación, recogidos por Canes Garrido (1993:151) de la documentación del Patronato de Misiones Pedagógicas (1934). A él le preocupaba diferencia abismal tanto intelectual como económica existente entre la ciudad y el campo. Con las Misiones se pretende llevar a los aldeanos parte de lo que disfrutan los habitantes de la ciudad, ya que también tienen derecho a disfrutar de la cultura. El atraso, la miseria y el aislamiento es tal, que a sólo setenta kilómetros de Madrid, existe un pueblo donde sus vecinos todavía no conocen un carro y el ambiente cultural recuerda la época anterior al descubrimiento de la rueda. 

 

Si el aislamiento es el origen de las Misiones y la justicia social su fundamento, claro es que la esencia de las mismas, aquello en que ha de consistir, estriba en lo contrario del aislamiento, que es la comunicación para enriquecer las almas y hacer que vaya surgiendo en ellas un pequeño mundo de ideas y de intereses, relaciones humanas y divinas que antes ni existían.

 

Como la Misión es distinta a la institución escolar, su contenido es también de otra naturaleza. Tampoco el maestro puede suplirla, abrumado como está por su trabajo diario. La Misión alcanza a todo el mundo, sin diferencia de edad ni sexo. No obstante, el maestro suele introducirla y es su máximo colaborador, pero olvidándose de su profesionalidad y consciente de su naturaleza de la Misión.

Para cumplir con el objetivo de promover la justicia social en las zonas rurales, la Misión se relaciona con los maestros, recoge sus preocupaciones y establece, mediante el diálogo y la convivencia, un contacto con las gentes que alimenta vínculos de comprensión y amistad. Antes de organizar una Misión, se entrega al Patronato un informe sobre las características geográficas, económicas, culturales, de transportes, etc., de la comarca, junto al cuestionario cumplimentado que acompaña a la solicitud.

Una vez aprobada ésta y designado el personal que ha de realizarla, se inicia su puesta en marcha. Pueden realizarla los inspectores de primera enseñanza, los consejos provinciales o locales, los miembros del Patronato o particulares de solvencia social. El material de trabajo se compone: de un proyector cinematográfico con películas educativas y de recreo; bibliotecas para las escuelas de las comarcas visitadas; y gramófonos, con una selección de discos, que después de la actuación, se dejan al maestro para que continúe con la obra iniciada.



 

El programa se adapta siempre a los diferentes lugares y se prepara según las circunstancias del tiempo, cl ambiente y el nivel de inteligencia a quien se dirige, como señala Canes Garrido, (2009: 152-153). Con ese material, la Misión desarrolla una o varias sesiones en la escuela,  en la plaza del lugar o dónde fuera más conveniente, en horas compatibles siempre con el trabajo local, por medio de charlas sencillas acompañadas de proyecciones de cine, recitaciones y lecturas de obras populares, audiciones musicales comentadas y conversaciones sobre educación ciudadana. Esta actuación cultural se complementa con la pedagógica colaborando con los maestros y desarrollando con los niños lecciones, cantos, juegos y excursiones. El autor citado recuerda el programa desarrollado el día 28 de julio de 1932 en Pombriego (La Cabrera, León), siguiendo la información del Patronato. Durante la mañana se impresionan unos metros de película, recogiendo aspectos del pueblo, paisaje y tipos trabajos. Por la tarde, juegos y ejercicios gimnásticos con los niños en una pradera, baño en el río, lectura de romances y audición musical bajo los castaños. Por la noche, velada cultural en el local-escuela. Asisten unas cuatrocientas personas de este pueblo y de las aldeas próximas. El programa se concreta en las actividades siguientes:

  • Vida primitiva, pueblos salvajes actuales. El medio ambiente.
     
  • Proyección de la película “En una isla del Pacifico” (Documental). El arte popular. La poesía y la música. Audición de discos regionales (Galicia, Castilla, Aragón) y lectura de romances: La loba parda, El conde Olinos, La doncella guerrera.
     
  • La vida en el fondo del mar. Algas, corales, anémonas. La respiración. Los buzos. Proyección de la película ‘En el fondo del Atlántico”.
     
  • Intermedio. Dibujos animados.
     
  • El concepto de igualdad través de la Constitución Española.
     
  • Las grandes empresas de la civilización moderna. Proyección del film “El canal de Panamá”.
     
  • Historia de las ideas liberales en España. Riego.
     
  • Cine recreativo. Proyección: “Charlot”. Despedida de la Misión. Entrega de la biblioteca, gramófono y discos.

Para mejor comprender el espíritu y el contenido de estas misiones, conviene recordar las grandes metas asumidas por las Misiones, a pesar de las limitaciones con las que se encuentran:

  • El fomento de la cultura por medio de charlas sencillas de interés general, ilustradas con proyecciones, sesiones de cine con intención pedagógica, recitaciones y lectura de poesía popular o moderna, cuentos y leyendas, audiciones musicales comentadas... 
     
  • La orientación pedagógica de las escuelas con la visita a las mismas. Se pretendía conocer así sus necesidades particulares, desarrollando a continuación una semana o quincena pedagógica, en las que se impartían lecciones a los niños y se desarrollaban cantos, juegos y excursiones en colaboración con los maestros.
     
  • La educación ciudadana con reuniones públicas en las que se hablaba de los principios democráticos por los que se rigen las sociedades modernas. Se informaba sobre la estructura del Estado, la Constitución, la Administración pública, la participación cívica y la actividad política general. Se trataba de hacer conscientes a los ciudadanos de sus derechos y deberes, como miembros de una sociedad democrática.

Puede ser útil, por otra parte, recordar también las tareas desarrolladas en los diferentes lugares en los que tuvieron lugar, como lo hace González Rucandio (2011). Este autor, recurriendo a las fuentes hemerográficas, descubre un poco más la dimensión alcanzada por los dos tipos de misiones que visitaron los pueblos de Cantabria: las no oficiales, en 1933, y las dependientes del Patronato de Misiones Pedagógicas (años 1934 y 1935). Tanto unas como otras se pudieron desarrollar en este caso, gracias a la participación entusiasta y generosa de profesores y alumnos de la Escuela Normal del Magisterio de Santander.

La experiencia socioeducativa siempre parte de las raíces de la cultura tradicional que el pueblo había ido acumulando durante siglos (teatro, canciones, leyendas, romances...), para introducir elementos totalmente novedosos, como el cine y el gramófono, desconocidos por el campesinado, como resalta Martín Bárez (2002: 159). Se pretende llevar cultura desde un profundo respeto por la idiosincrasia campesina, partiendo de sus raíces y respetando sus valores propios y sus formas de expresión. Las Misiones intentan conjugar modernidad y tradición, teniendo presente en todo momento que igual valor tiene el patrimonio tradicional del pueblo que las formas culturales burguesas que vienen de la ciudad.



 

Con la Guerra Civil, este ambicioso proyecto fue destruido con saña. Como los planteamientos de la misiones chocaban de frente con los objetivos del “alzamiento”, una de las primeras tareas emprendidas por el “bando nacional” fue el desmantelamiento de la obra cultural republicana. Las bibliotecas de las Misiones Pedagógicas sufrieron la represión inquisitorial de los sublevados, en su obsesión enfermiza por incautar y destruir todos aquellos libros sospechosos de llevar la semilla comunista, los maestros fueron depurados... La historia es simple y siempre la misma: el bibliotecario es fusilado, los libros quemados y todos los que han participado en su organización son fusilados o perseguidos (De Blas, Pérez, 2011)

 

A manera de conclusión

Las circunstancias sociales y culturales son hoy muy diferentes. Sin embargo, la marginación de muchos colectivos sigue presente, las desigualdades aumentan... Los objetivos de las misiones pedagógicas, pues, siguen siendo válidos así como el compromiso social de los educadores como los excluidos, el trabajo en red...

Las Misiones Pedagógicas, creadas con el objetivo de formar ciudadanos, difundir la cultura y modernizar las prácticas educativas, constituyen un hermoso ejemplo de las posibilidades que ofrece una acción educadora que acude a donde vive la gente, con especial de dedicación a la población más excluida, procura la animación social y cultural de los ciudadanos, promueve la educación  ciudadana y, sobre todo, lucha por una sociedad más humana y justa.

Este planteamiento sigue siendo válidos, aunque las circunstanciales sociales hayan cambiado (globalización, multiculturalismo, sociedad del espectáculo, consumismo, manipulación de las conciencias, violencia...). Los problemas de la marginación de ciertos colectivos de ciudadanos siguen presente tanto en el medio rural como en el urbano. Y, a pesar de que disponemos de muchos más medios para desarrollar la educación, difundir la cultura y promover la educación para una ciudadanía responsable y participativa, son muchas las personas que por diferentes factores (económicos, culturales, sociales...)  no pueden disfrutar de estos recursos, lo que aumenta las brechas sociales.

Y aquí podríamos plantearnos muchas cuestiones relativas a las personas excluidas de la sociedad: ¿qué uso hacen de las bibliotecas públicas?, ¿qué tipo de películas suelen visionar?, ¿qué programas de televisión suelen ver?,  ¿qué manejo hacen de las redes sociales?… Habrá que ver, pues, cómo los servicios entonces prestados (cine, libros, teatro...), pueden cumplir hoy con los objetivos asumidos por la Educación Social. Vivimos en una sociedad consumista, en la que el mercado parece tener todo el poder a la hora de “promocionar” la educación, la cultura, la participación ciudadana e incluso la asistencia social. ¿Podemos dejar la tarea socioeducativa en manos de los que precisamente provocan o refuerzan la exclusión social? ¿Qué responsabilidad tenemos los educadores sociales en la promoción cultural y en la educación ciudadana de los excluidos?

Comprender las Misiones Pedagógicas puede ayudarnos a entender no sólo lo que ahora ocurre, sino que también puede servir de inspiración para la puesta en marcha de nuevos proyectos y evitar los errores entonces cometidos, sobre todo en relación con la convivencia ciudadana y el respeto de los derechos humanos. La educación para la ciudadanía responsable constituye el gran reto de la educación social en estos tiempos revueltos, una educación que tiene que dirigirse tanto a las personas excluidas como a las personas responsables de la exclusión.

 

 


 

Referencias bibliográficas

 

Andrés de Blas, J.,  Diego  Pérez, C. (2011). Un caso paradigmático de represión cultural: depuración de bibliotecas escolares en la provincia de Palencia durante la guerra civil española. Febrero 2011, Represura. Rev. de Historia Contemporánea española en torno a la represión y la censura aplicadas al libro, 7 de febrero, 2011. [En linea]  (8 de diciembre de 2016).

Boza Puerta, M., Sánchez Herrador, M.A. (2004). Las bibliotecas en las Misiones Pedagógicas. Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, nº 74, Marzo 2004, pp. 41-51.

Canes Garrido, F. (1993). Las misiones pedagógicas: educación y tiempo libre en la Segunda República. Revista Complutense de Educación. Vol.4(l)- 147-168.

Caride García, J. A. (2011).  La pedagogía social en la transición democrática española: apuntes para una historia en construcción. Educació i Història: Revista d’Història de l’Educacio, nº 18,  pp. 37-59.

González Rucandio, V. (2011), Crónica de las Misiones Pedagógicas en Cantabria. Cabás, nº. 6., pp. 1-16. [En linea] (8 de diciembre de 2016).

Martín Bárez, M. (2002). Las Misiones Pedagógicas en Salamanca (1931-1936). Aula, 14, 2002, pp. 155-178.

Sánchez Alber, C. (2013). Las Misiones Pedagógicas durante la II República Española: la transmisión de los legados culturales en los territorios fronterizos de la Pedagogía Social. RES, 1 de agosto de 2013. [En linea] (8 de diciembre de 2016).

Tiana Ferrer, A. (2016). Las misiones pedagógicas. Madrid, Catarata.

 

Documentación audiovisual

Las Misiones Pedagógicas. Presentación del libro de Alejandro Tiana Ferrer (2016). [En linea] (8 de diciembre de 2016).

Misioneros. Reportaje visual en la exposición permanente en la Residencia de Estudiantes (Madrid). [En linea]  (8 de diciembre de 2016).


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